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quarta-feira, 13 de fevereiro de 2013

10 caracteres do ecossocialismo segundo Jorge Riechmann



Eis uma magnífica definiçom do ecossocialismo a cargo de Jorge Riechmann, escritor e professor na UAM. Lida aqui (e descuberta em Rebelion.org graças aos companheiros de Espaço Ecosocialista). Gosto de todo o texto, mas em particular o de "socialismo homeostático" parece-me todo um acerto terminológico.

"Para una caracterización del ecosocialismo en diez rasgos"

1.
Frente al nihilismo contemporáneo, el ecosocialismo propugna una moral igualitaria basada en valores universales, arrancando en el primero de ellos: la dignidad humana. Más allá de la moral capitalista de poseer y consumir, más allá de su moral, la nuestra: vincularse y compartir. El pensador marxista franco-brasileño Michael Löwy, uno de los teóricos del ecosocialismo moderno, ha argumentado la necesidad de una ética ecosocialista con los siguientes rasgos: social, igualitaria, solidaria, democrática, radical y responsable.

2. Frente a la deriva biocida de las sociedades contemporáneas, el ecosocialismo apuesta por vivir en esta Tierra, “haciendo las paces” con la naturaleza. El socialismo, como sistema social y como modo de producción (sobre la base de la producción industrial), se define esencialmente por las condiciones de que el trabajo deja de ser una mercancía, y la economía se pone al servicio de la satisfacción igualitaria de las necesidades humanas. El valor de uso ha de dominar sobre el valor de cambio: esto es, la economía ha de orientarse a la satisfacción de las necesidades humanas (y no a la acumulación de capital). El ecosocialismo añade a las condiciones anteriores la de sustentabilidad: modo de producción y organización social cambian para llegar a ser ecológicamente sostenibles. (No mercantilizar los factores de producción –naturaleza, trabajo y capital—, o desmercantilizarlos, es la orientación que un gran antropólogo económico como Karl Polanyi sugirió en La Gran Transformación).

3. Frente a la pérdida de horizonte alternativo (tanta gente que ya sólo concibe la vida humana como compraventa de mercancías), el ecosocialismo es anticapitalista en múltiples dimensiones, incluyendo la cultural, y está comprometido con la elaboración de una cultura alternativa “amiga de la Tierra”. Hablaremos de “socialismo” en el sentido propio e histórico del término, un socialismo radicalmente crítico del capitalismo que busca sustituirlo por un orden sociopolítico más justo (y hoy hay que añadir: que sea sustentable o sostenible). No nos referimos, por tanto, a la profunda degeneración de la corriente política socialdemócrata que ha terminado desembocando en partidos políticos nominalmente “socialistas” aunque practiquen políticas neoliberales.

4. Frente a la tentación de refugiarse en los márgenes, el ecosocialismo mantiene la lucha por la transformación del Estado. Me impresionó, hace no mucho, un artículo de Ignacio Sotelo donde, tras decretar la inviabilidad de la revolución –“mitología decimonónica de una clase obrera supuestamente revolucionaria”− y también de la mera reforma –ya que “la rebelión y la protesta no van a cambiar el capitalismo financiero establecido”-- el catedrático de sociología –que se supone representa de alguna manera la izquierda del PSOE, no lo olvidemos− concluye que “no queda otra salida que trasladarse a otro país –la emigración vuelve a ser el destino de muchos españoles– o bien encontrar acomodo en la economía alternativa, saliéndose del sistema” . Es llamativa la coincidencia de esa propuesta de supervivencia en los márgenes, altamente funcional al desorden establecido, con la tentación de una parte considerable de los movimientos alternativos indignados: organicémonos por nuestra cuenta al margen del Estado (si destruyen la sanidad pública, creemos cooperativas de salud autogestionadas, etc.). Frente a esa tentación, el ecosocialismo afirma: no renunciamos a la transformación del Estado, de manera que llegue a ser alguna vez de verdad social, democrático y de Derecho.

5. Frente a la dictadura del capital que se endurece a medida que progresa la globalización, el ecosocialismo defiende la democracia a todos los niveles. Desmercantilizar, decíamos antes: y también democratizar. El ecosocialismo trata de avanzar hacia una sociedad donde las grandes decisiones sobre producción y consumo sean tomadas democráticamente por el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas, de acuerdo con criterios sociales y ecológicos que se sitúen más allá de la competición mercantil y la búsqueda de beneficios privados. 

6. Frente al patriarcado, ecofeminismo crítico. Como ha señalado Alicia Puleo, el ecofeminismo no se reduce a una simple voluntad feminista de gestionar mejor los recursos naturales, sino que exige la revisión crítica de una serie de dualismos que subyacen a la persistencia de la desigualdad entre los sexos y a la actual crisis ecológica. El análisis feminista de las oposiciones naturaleza/ cultura, mujer/ varón, animal/ humano, sentimiento/ razón, materia/ espíritu, cuerpo/ alma ha mostrado el funcionamiento de una jerarquización que desvaloriza a las mujeres, a la naturaleza, a los animales no humanos, a los sentimientos y a lo corporal, legitimando la dominación del varón, autoidentificado con la razón y la cultura. El dominio tecnológico del mundo sería un último avatar de este pensamiento antropocéntrico (que sólo otorga valor a lo humano) y androcéntrico (que tiene por paradigma de lo humano a lo masculino tal como se ha construido social e históricamente por exclusión de las mujeres). La negación y el desprecio de los valores del cuidado, relegados a la esfera feminizada de lo doméstico, ha conducido a la humanidad a una carrera suicida de enfrentamientos bélicos y de destrucción del planeta. Un ecofeminismo no esencialista y decidido a realizar una “ilustración de la Ilustración”, como el que propone Alicia Puleo , hemos de considerarlo imprescindible aliado del ecosocialismo que aquí se propugna.

7. Frente a la idea de un “capitalismo verde”, el ecosocialismo defiende que no tenemos buenas razones para creer en un capitalismo reconciliado con la naturaleza a medio/ largo plazo, aunque en el corto plazo sin duda serían posibles reformas ecologizadoras que permitirían básicamente “comprar tiempo” con estrategias de ecoeficiencia (“hacer más con menos” en lo que a nuestro uso de energía y materiales se refiere) . La razón de fondo de tal incompatibilidad es el carácter expansivo inherente al capitalismo, ese avance espasmódico que combina fases de crecimiento insostenible y períodos de “destrucción creativa” insoportable. Hoy ya estamos más allá de los límites, y por eso suelo decir que “el tema de nuestro tiempo” (o al menos, uno de los dos o tres “temas de nuestro tiempo” prioritarios) es el violento choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta. (y hoy “sociedades industriales” quiere decir: el tipo concreto de capitalismo financiarizado, globalizado y basado en combustibles fósiles que padecemos). Si se quiere en forma de consigna: marxismo sin productivismo, y ecologismo sin ilusiones acerca de supuestos “capitalismos verdes”.

8. Frente a la quimera del crecimiento perpetuo, economía homeostática. Una economía ecosocialista rechazará los objetivos de expansión constante, de crecimiento perpetuo, que han caracterizado al capitalismo histórico. Será, por consiguiente, una steady state economy: un “socialismo de estado estacionario” o “socialismo homeostático”. La manera más breve de describirlo sería: todo se orienta a buscar lo suficiente en vez de perseguir siempre más. En los mercados capitalistas se produce, vende e invierte con el objetivo de maximizar los beneficios, y la rueda de la acumulación de capital no cesa de girar. En una economía ecosocialista se perseguiría, por el contrario, el equilibrio: habría que pensar en algo así como una economía de subsistencia modernizada, con producción industrial pero sin crecimiento constante de la misma.

9. Frente al individualismo anómico y la competencia que enfrenta a todos contra todos, frente a la cultura “emprendedora” que convierte a cada cual en empresario de sí mismo presto a vender sus capacidades al mejor postor, el ecosocialismo defiende el bien común y los bienes comunes. Esta consigna apunta a priorizar los intereses colectivos (¡no solamente los de los seres humanos, y no solamente los de las generaciones hoy vivas!), y a gestionar las riquezas comunes más allá de las exigencias de rentabilidad del capital. Educación, sanidad, energía, agua, transportes colectivos, telecomunicaciones, crédito –ninguno de estos servicios básicos deberían ofrecerlos empresarios privados en mercados capitalistas. Tendrían que proveerse mediante empresas públicas y cooperativas gestionadas democráticamente.

10. Frente a la fosilización dogmática, ecosocialismo es socialismo revisionista. Pero es que, como decía Manuel Sacristán, “todo pensamiento decente tiene que estar siempre en crisis” . Aquí también es de utilidad la categoría pasoliniana de empirismo heréticoque le gustaba recordar a Paco Fernández Buey. Yendo a lo nuestro: lo esencial del marxismo, como repetían estos grandes maestros, es el vínculo de una idealidad emancipatoria con el mejor conocimiento científico disponible. Cada elemento teórico concreto del pensamiento socialista es revisable en función de lo que hayamos logrado saber recientemente: lo que resulta irrenunciable es la moral igualitaria que aspira a acabar con el patriarcado y con el capitalismo.


Veinte elementos para un programa de transición poscapitalista

En cierto momento de El socialismo puede llegar sólo en bicicleta (Los Libros de la Catarata, Madrid 2012), hacia el final del capítulo 8, me atreví a esbozar lo que podrían ser líneas maestras de un “programa de transición”. Lo completo y actualizo aquí.

1. Reforma ecológica de la Contabilidad Nacional, para disponer de indicadores adecuados que permitan evaluar la economía en su comportamiento biofísico (más allá de la esfera del valor monetario). 
2. Socialización del sistema de crédito. Banca pública fuerte que canalice la inversión necesaria para la transición económico-ecológica.
3. Entre los mecanismos más interesantes para la planificación indirecta no burocrática de la inversión en economías con sectores de mercado importantes se hallan los descuentos y recargos en los tipos de interés. La banca pública presta dinero a las empresas con ciertos descuentos o recargos en el tipo de interés, decididos para cada sector de bienes de consumo en función de criterios sociales y ecológicos.
4. Reforma fiscal ecológica, para “internalizar” una parte de los costes externos que hoy provoca nuestro insostenible modelo de producción y consumo. La figura central sería un fuerte ecoimpuesto sobre los combustibles fósiles. Se haría en el marco de una
5. Distribución más igualitaria de la riqueza y los ingresos. “Nuevo contrato fiscal” que globalmente aumentaría la tributación de las rentas altas y del capital, y pondría más recursos en el sector público (y desde luego eliminaría los paraísos fiscales).
6. Intensa reducción de las disparidades salariales.
7. Reducción del tiempo de trabajo, de manera que se pueda disfrutar de mucho más ocio (entendido no como consumismo en el tiempo libre, sino como actividades autotélicas –aquellas que se buscan por sí mismas, no como medio para otros fines--, que son una de las claves principales de la vida buena)…
8. …y buscando las condiciones para que la reducción del tiempo de trabajo se traduzca en nuevo empleo (ello dista de ser automático). El pleno empleo volvería a ser un objetivo esencial de las políticas económicas. Trabajar menos (solidaridad social) y consumir menos bienes destructores de recursos escasos (solidaridad internacional e intergeneracional) para trabajar todos y todas, y consumir de otra forma.
9. Políticas activas de empleo; formación continuada a lo largo de toda la vida laboral; sistemas renovados de recalificación profesional.
10. “Tercer sector” de utilidad social, semipúblico, para atender a las demandas insatisfechas (por ejemplo las que se refieren a la “crisis del cuidado”).
11. “Segunda nómina” que el Estado abonaría a los asalariados que no trabajasen a jornada completa o lo hicieran por debajo de un salario mínimo decente.
12. Fiscalidad sobre el consumo lujoso, ya sea por medio de impuestos sobre el gasto (tipos impositivos crecientes por encima de cierto nivel de gasto), ya mediante tipos altos de IVA a los bienes de lujo.
13. Estrategia de fomento de los consumos colectivos para mantener un alto nivel de satisfacción de necesidades con mucho menor impacto ambiental.
14. Provisión de bienes y servicios públicos de calidad por parte de un sector de la economía socializado: energía, transporte, comunicaciones, vivienda, sanidad, educación...
15. Infraestructuras para la sustentabilidad: energías renovables, transporte colectivo, ciudades y pueblos sostenibles...
16. Fuertes restricciones a la publicidad comercial. Para empezar, una reforma impositiva: no permitir a las compañías declarar la publicidad como gastos de empresa desgravables.
17. Reducción de la escala física de la economía hasta los límites de sustentabilidad. Economía “de estado estacionario” en ese sentido (no necesariamente en cuanto a la “creación de valor”). Yo prefiero la expresión economía homeostática, una economía dinámica que deja de expandirse materialmente (y estabiliza su “flujo metabólico” de materiales y energía en niveles de sustentabilidad).
18. Aplicación del principio de biomímesis (reconstruir los sistemas humanos imitando algunos rasgos importantes de los sistemas naturales, de forma que los primeros sean más compatibles con los segundos), generalizando estrategias que ya han dado sus frutos en algunos sectores y disciplinas (agroecología, química verde, ecología industrial, etc.)
19. Estrategia de ecoeficiencia.
20. Desglobalizar y relocalizar lo esencial de la producción.

domingo, 30 de outubro de 2011

Islândia, o caminho nom tomado

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Artigo de Paul Krugman para o New York Times.


Os mercados financeiros estám a celebrar o acordo que emergiu de Bruxelas no início da manhã da última quinta-feira [27 de Outubro]. Realmente, tendo em conta o que poderia ter acontecido – um amargo fracasso para concordar em nada – que os líderes europeus tenham concordado em algo, por mais vagos que sejam os detalhes e por mais deficiente que o acordo poda resultar, é um avanço positivo.


Mas vale a pena examinar o quadro mais amplo, ou seja, o fracasso retumbante de umha doutrina econômica – umha doutrina que provocou danos enormes tanto à Europa como aos Estados Unidos.


A doutrina à que me refiro consiste na afirmaçom de que, após umha crise financeira, os bancos precisam ser resgatados, mas é a povoaçom em geral a que tem que pagar o preço. Assi, a crise provocada pola desregulaçom transforma-se num motivo para que haja um deslocamento ainda maior para a direita; um período de desemprego massivo, em vez de estimular a adoçom de medidas governamentais para criar empregos, transforma-se numha era de austeridade, na qual os gastos governamentais e os programas sociais som recortados drasticamente.



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Essa doutrina foi defendida com alegações de que nom havia outra alternativa – que tanto os resgates financeiros como os cortes de gastos eram necessários para satisfazer os mercados financeiros – e com a afirmaçom de que a austeridade fiscal na verdade criaria empregos. A ideia era que os cortes de gastos fariam que os consumidores e os empresários se sentissem mais confiados. E essa confiança supostamente estimularia gastos privados, o que compensaria de sobra os efeitos depressivos dos cortes governamentais.


Alguns economistas nom estavam convencidos. Um escéptico afirmava causticamente que as declarações sobre os efeitos expansivos da austeridade eram como acreditar na “fada da confiança”. O.K., vale, esse crítico era eu.


Mas, apesar disso, essa doutrina tem sido extremamente influente. A austeridade expansiva, em particular, tem sido defendida tanto polos republicanos do congresso dos Estados Unidos quanto polo Banco Central Europeu, que no ano passado rogou aos governos europeus – e nom só àqueles que enfrentavam problemas fiscais – que implementassem uma “consolidaçom fiscal”.


E, no ano passado, quando David Cameron chegou a primeiro-ministro do Reino Unido, instituiu imediatamente um programa de cortes de gastos, acreditando que isso na verdade estimularia a economia – uma decisom que foi recebida com elogios afetuosos por vários especialistas dos Estados Unidos.


Agora, porém, os resultados som visíveis, e o quadro nom é nada bonito. A Grécia foi empurrada pelas suas medidas de austeridade para um buraco econômico cada vez mais profundo – e esse buraco, e nom a falta de esforços por parte do governo grego, foi o motivo polo qual um relatório secreto enviado a líderes europeus concluiu na semana passada que o programa atualmente aplicado na Grécia é inviável. A economia britânica estancou-se polo impacto da austeridade, e a confiança de empresários e consumidores afundiu-se em lugar de disparar-se.


Talvez o feito mais revelador seja aquilo que atualmente é apresentando como umha história de êxito. Alguns meses atrás, vários analistas passaram a elogiar as façanhas da Letônia, que, após uma recessom terrível, conseguiu, nom obstante, reduzir o seu déficit orçamentário e convencer os mercados de que o país contava com bons fundamentos fiscais. O caso da Letônia foi, de feito, impressionante, mas o custo foi um índice de desemprego de 16% e umha economia que, ainda que esteja finalmente crescendo, ainda é um 18% menor do que era antes da crise.


Por isso, resgatar os bancos mentres se castiga aos trabalhadores nom constitui na verdade umha receita para prosperidade. Mas havia algumha alternativa? Bem, é por isso que eu estou na Islândia, participando numha conferência sobre o país que fixo algo diferente.


Aqueles que tenhem lido notícias sobre a crise financeira, ou assistido a filmes como o excelente “Inside Job”, sabem que a Islândia deveria ser considerada a suprema história de desastre econômico: os seus banqueiros descontrolados sobrecarregaram o país com dívidas enormes e aparentemente deixaram a naçom numha situaçom irremediável.


Mas algo curioso aconteceu no caminho ao apocalipse financeiro: o próprio desespero da Islândia fixo que um comportamento convencional se tornasse impossível, o que lhe deu ao país liberdade para romper com as regras. Quando todo o mundo resgatou os bancos e obrigou à cidadania a pagar o preço, a Islândia deixou os bancos quebrarem e, de feito, ampliou a sua rede de segurança social. Quando todos os demais estavam obsessionados com acalmar os investidores internacionais, a Islândia impuxo controis temporários aos movimentos de capital a fim de obter espaço de manobra.


E como lhe está indo ao país? A Islândia nom evitou um grande dano econômico nem um descenso significativo do nível de vida. Mas conseguiu limitar tanto o aumento do desemprego como o sofrimento da parcela mais vulnerável da povoaçom; a rede de segurança social sobreviveu intacta, assi como a decência básica da sua sociedade. “As cousas poderiam ter sido bem piores” pode nom ser o mais animador dos slogans, mas quando todo mundo esperava um desastre total, a frase equivale a um triunfo de política econômica.


E hai nisso umha liçom para todos nós: o sofrimento polo que tantos dos nossos cidadãos estám a passar é desnecessário. Se esta época se caracteriza por um sofrimento incrível e um endurecimento da nossa sociedade, foi por eleiçom. Nom tinha, nem tem, por que ser assi.

segunda-feira, 12 de setembro de 2011

Recuperaçom da soberania popular, defensa da democracia




Passado já Agosto, confio em que passe tamém a preguiça insuperável que me impedia publicar no blogue... ;-) Vou ir aquecendo com este texto tirado da web do Encontro Irmandinho, onde se propom ao BNG "um programa rupturista para a recuperaçom da soberania popular e em defensa da democracia". Deixo fora da postagem as linhas do comunicado irmandinho que fam referência ao processo interno de elaboraçom de candidaturas já que nom tenhem moita relaçom com o resto do texto, o qual enumera as linhas gerais de um programa socialista, autogestionário, soberanista...

Devemos ir às eleições nas melhores condições para oferecer à cidadania umas candidaturas e programa que ilusionem e convençam de que a ditadura neoliberal nom é invencível, que nom só imos defender senom tamém fazer, e que a batalha iniludível e imediata de qualquer galego ou galega democrata é evidente que é para a recuperaçom da soberania popular no Estado Espanhol e da soberania nacional no nosso País.

É preciso dizer claramente á cidadania que nom queda outra que exigir um processo constituinte autenticamente democrático para nós e as outras nações do Estado porque desta a "creba" já a figérom PP e PSOE ao constitucionalizar a ditadura neoliberal.

Valem todas as linhas básicas propostas para o programa eleitoral, às que propomos engadir como explicaçom o que já dixo o BNG hai perto de 20 anos sobre o Tratado de Maastricht, os acordos da IX Assembleia Nacional respeito do neoliberalismo e a mundializaçom, a soberania alimentar por suposto.

Devemos falar com claridade e contundência do modelo de estado dende unha posiçom republicana e soberanista galega; estado social de direito e economia social de mercado; democracia participativa e control democrático do poder; da sustentabilidade socio-ambiental; a Europa social dos povos e tamém da constitucionalizaçom da neutralidade ativa do Estado.

Hai que falar, na opiniom do Encontro, de 'CREBA DEMOCRÁTICA' e propor constitucionalizar com garantias efetivas os direitos da cidadania e o caráter público de determinados bens e serviços.

Hai que falar, devidamente matizado e explicado, mas com contundência, de:

1. Democratizaçom da empresa: participaçom dos trabalhadores na direçom e gestom.

2. Auditoria da dívida pública e recuperaçom do aportado para salvar aos banqueiros.

3. Reversom ao domínio e gestom públicos das concessões feitas ao sector privado de infraestruturas, recursos, bens e serviços de interesse público e /ou comum.

4. Reconversom em públicas de corporações e empresas privatizadas.

5. Regulaçom, imposiçom/taxaçom e control estritos dos mercados, intermediários e fluxos financeiros e movimentos de capitais, com especial rigor no tocante ás operações especulativas.

6. Reconstituçom do sector financeiro público e reversom das caixas de aforro à sua natureza originária de entidades nom capitalistas privadas.

7. Derrogaçom das sucessivas 'reformas' laborais, e estabelecimento e afortalamento, tanto na funçom pública quanto no sector privado, dos marcos normativos reguladores do mercado laboral e dos regimes salariais a prol dos direitos e garantias econômicas e sociais na igualdade de gêneros e idades, a estabilidade e seguridade no emprego, a reduçom da jornada laboral, a cobertura do paro e das jubilações, e a participaçom equitativa da força de trabalho no valor engadido e incrementos da produtividade.

8. Soberania alimentar e energética.

9. Políticas de defensa do campesinhado, revitalizaçom das explotações agrárias nom capitalistas, recuperaçom e desenvolvimento sustentável da economia e os ecossistemas agrários, ordenaçom do território e fixaçom de povoaçom no meio rural a prol do seu desenvolvimento integral e do equilíbrio demográfico, setorial e territorial.

10. Políticas análogas às do ponto anterior para o mundo marinheiro e a beira-mar.

11. Políticas de promoçom e equidade econômica, fiscal e social para as formas de trabalho autônomo e pequenas empresas, com finca-pé nas formas cooperativas e de economia social.

12. Ordenaçom do sector comercial a prol da revitalizaçom racionalizada do pequeno comércio fronte ao grande capital comercial e com a necessária reforma do marco normativo dos arrendamentos e alugueres de locais comerciais.

Bandeiras que o BNG ergueu hai anos e hoje som mais pertinentes que nunca.

quarta-feira, 25 de agosto de 2010

Carlos Fernández Liria: O homem novo fascista e socialista

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Carlos Fernández Liria foi nos '80 guionista de "La Bola de Cristal", subversão televisiva camuflada de TV para nenos (lembram os slogans? "¡viva el mal, viva el capital!"; "¡viva la CIA, viva la economía!"). Hoje é escritor e professor de Filosofia na Universidade Complutense de Madrid, facetas que combina com o activismo político na esquerda anticapitalista. A seguir, um interessante artigo seu que atopei em GalizaLivre.
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NOTA: etiqueto-o como "revisionismo" por criticar aspectos do chamado "socialismo real"; sei que para alguns esta etiqueta será um disparate, mas é assim como falamos em outraesquerda ;-)

O homem novo fascista e socialista
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Ainda que, claro, os intentos políticos de estar à altura dos acontecimentos tivérom os seus efeitos. E fôrom estremecedores. O fascismo e o nacional-socialismo fôrom o intento de criar um ser humano capaz de dar alcance a umha História que havia tempo que o deixara mui atrás. Em lugar de deter a História ou de proteger-se dela, o que se propunha era conformar um ser humano que pudesse reivindicar toda a barbárie capitalista como obra sua. O resultado nom podia ser senom aterrador e, em efeito, foi aterrador. Desde os tempos de Hegel e de Schelling, sonhara-se na Alemanha com umha «mitologia da razom», capaz de unificar as potências que arrincavam da terra e as que provinham dos céus. Esperava-se que o martelo de Thor demolisse as catedrais góticas e se pugesse à cabeça das forças da História para alumiar umha nova época e um novo tipo de homem. A realizaçom deste sonho podia ter-se previsto desde os tempos de Marx (e em efeito, o seu amigo Enrique Heine profetizou-no com surpreendente clarividência): o capitalismo, que deixara ao homem tam atrás que agora corria o risco de sucumbir ao seu próprio êxito, selou umha aliança com todas as forças selvagens da pré-história, para as que o homem ainda ficava mais lá. [1] Raça e Indústria: eis um novo programa. Esperava-se ou augurava-se que só a raça ária seria capaz de pôr-se à altura das exigências capitalistas de industrializaçom e das crises económicas e os descalabros históricos com os que esta avançava sem freios face um futuro imprevisível. Havia que acelerar o processo e dar ao traste com todas as barreiras com as que a consistência neolítica do ser humano lograra conter a selvagem irrupçom da Natureza e da História. Porém, em lugar do grandioso espectáculo que anunciava Nietzsche, o que se avizinhou foi um episódio abjecto, ridículo e genocida, que denigrou o ser humano infinitamente mais do que o denigrasse a sua existência religiosa e pré-ilustrada. [2]


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Os países do denominado «socialismo real» também se empenhárom tercamente em pôr o homem à altura da História. Neste caso, todo há que dizê-lo, viam-se obrigados a fazer da necessidade virtude. Essa abstracta «História» da que falamos, estava chamando às suas portas desde o primeiro momento, em forma de invasom contra-revolucionária das grandes potências mundiais. Havia que estar à altura do capitalismo exterior ou assumir a derrota. Em resumo: havia que proletarizar a milhons de camponeses e havia que fazê-lo mui depressa. Para isso nom se reparárom em meios genocidas. Resultou entom que o mais lá ao que o homem podia aspirar era o homem proletarizado. Em efeito, houvo que decidir politicamente todo aquilo que no capitalismo se impunha com o automatismo do mercado. Para proletarizar a populaçom, o capitalismo nom necessitava para nada dumha «cultura proletária». Aí chegava com deixar eleger à cidadania entre a fome e o mercado de trabalho. De modo que os países capitalistas se podiam permitir o luxo de falar de independência civil, de liberdade de expressom, de divisom de poderes, de garantias jurídicas, enfim, como dizíamos, do melhor pedaço do pastel ideológico; a fome e o mercado garantiam, em qualquer caso, a qualidade do resultado. Polo contrário, nos países socialistas havia que edificar toda umha «cultura proletária», um «homem novo» que aceitasse de bom grau a proletarizaçom. Desde o princípio houvo que cantar as louvanças do trabalho voluntário (Lenine); em seguida, baralhou-se militarizar o processo laboral (Trotski); finalmente, decidiu-se policializá-lo e convertê-lo em objecto de culto (Staline). Com Mao chegou-se a criar umha verdadeira religiom de culto ao trabalho (embora pareça contraditório isso de umha «verdadeira religiom artificial»). Estar à altura dos Tempos, dar o «grande salto adiante» da História, converteu-se assim numha espécie de nova consistência cultural. Pudo-se dizer que a lógica religiosa do sacrifício colectivo foi o último agarradoiro neolítico que encontrou a populaçom para resignar-se a abandonar o neolítico. Mais umha vez, confirmava-se que mais lá do neolítico, antropologicamente só estava a pré-história (ou quiçá, simplesmente, um neolítico mais abjecto). O ser humano proletarizado que tam orgulhosamente alcançava a era nuclear (ou se punha à altura industrial dos países capitalistas exteriores), estava já antropologicamente tam degradado que se encontrava muito mais cerca da pré-história que um nambiquara ou umdogon. [3]

Os intentos facistas e socialistas de ir mais lá da maioria de idade própria do «direito burguês» desembocárom, como nom podia ser de outra forma, no mais cá dum infantilismo religioso. O caso é que o Direito é a única maneira prevista na história da filosofia para levantar-se sobre a consistência antropológica da religiom, a tradiçom e o costume. E claro, a cousa era como a filosofia o previra. Qualquer intento de erguer o vô por riba do Direito estava abocado a cair por debaixo dele. O Direito era o mais lá da Religiom; mais lá do Direito nom estava, por tanto, mais que a Religiom. Trás superar o direito burguês na «constituiçom mais democrática do mundo» (e trás executar, por certo, a 18 dos 30 comunistas que participaram na sua redacçom), Staline logrou consolidar o culto à pessoalidade. Todo um êxito da maioria de idade. E quando finalmente, após setenta anos de ateísmo oficial, caiu o muro de Berlim, resultou que todo o mundo guardara debaixo do colchom um ícone da virgem, um rosário ou um Corám.

Mais tarde, a tradiçom comunista seguiu empenhada no compromisso por forjar um «homem novo», sob tintes mais ou menos obreiristas, guevaristas ou cristaos. E quanto mais se empecinavam em buscar novidades para o homem, menos atençom prestavam ao que havia de novidoso em aquilo que sempre tiveram diante dos narizes: o cidadao. Na realidade, a ideia da cidadania era mui nova, porque nom tivera tempo de envelhecer: nada mais nascer, degradara-se no inferno da proletarizaçom; a vida política da cidadania naufragara no marasmo económico do capitalismo. Mas a escolástica marxista, empenhada em fazer do Direito umha ideologia burguesa, jamais se percatou da distância entre cidadania e proletarizaçom. Empenhou-se, mas bem, em que a questom da cidadania se esgotava no seu papel de coartada ideológica da proletarizaçom sob condiçons capitalistas. Em lugar do cidadao pensava-se em algo assim como o camarada. Todas as reflexons da Ilustraçom caiam em saco roto ao renunciar à ideia de cidadania em nome da solidariedade comunitária contra o egoismo individual, supostamente próprio da metnalidade burguesa. E o pior nom era já que ao renunciar ao indivíduo se estivesse inevitavelmente renunciando à liberdade. O pior era que, ao regalar assim todo o pensamento da Ilustraçom ao inimigo, botava-se mais lenha ao lume da pior estafa ideológica da classe dominante: a ideia de que capitalismo, democracia e estado de direito, de algum jeito, se copertencem. Assim, resulta que a esquerda anticapitalista se converteu na melhor propagandista de aquilo que pretendia combater.

Notas:

1. H. Heine, Zur Geschichte der Religion und Philosophie in Deutschland. Sämtliche Schriften, Band III, Herausgegeben von Klaus Briegleb, Carl Hanser Verlag, München, 1971 / Alemanha. Universidade Autónoma de México, 1972 / Alianza Editorial, Madrid, 2009.

2. É mui aleccionadora a descriçom da «camaradaria» que fai Sebastian Haffner ao final da sua obra Historia de un alemán. Memorias 1914-1933 (Destino, Barcelona, 2006).

3. Os romances de Andréi Platónov som quiçá umha reflexom inquedante e desquiciada sobre o insólito desaguisado antropológico que supujo o empenho socialista de intentar alcançar por meios político o ritmo económico do capitalismo (cfr. por exemplo, Chevengur, Cátedra, Madrid, 1996). Como dizia em Sin vigilancia y sin castigo (Libertarias, 1998), a URSS foi o espelho antropológico do capitalismo exterior. É dizer, isso é o que teria que passar se o ser humano tivesse que decidir politicamente todo isso que ao capitalismo lhe sai só.

(FERNÁNDEZ LIRIA, Carlos. Originalmente publicado em castelão como "El hombre nuevo fascista y socialista", em: ALBA RICO, Santiago e Carlos FERNÁNDEZ LIRIA, El naufragio del hombre, Editorial Hiru, Hondarribia, 2010, pp. 117-121)

segunda-feira, 7 de dezembro de 2009

O modelo escandinavo em Dinamarca


Porque não todo vai ser revisionismo, despois da postagem anterior toca uma crítica à social-democracia. Concretamente, ao modelo escandinavo tal e como foi aplicado em Dinamarca. O artigo é de Jean-Pierre Séréni, a tradução de Mariana Saúl. Publicado originalmente em Le Monde Diplomatique.


La generosidad del Estado de Bienestar danés vista desde el resto de Europa hace soñar: a cada recién nacido se le garantiza un lugar en una guardería infantil desde los seis meses; la salud es gratuita; el cuidado a domicilio de los ancianos es una práctica generalizada; los jóvenes gozan durante cinco años de un abultado subsidio de estudios, al cual se añade, cualquiera sea la condición social de sus padres, un año sabático para descubrir el mundo si lo desean o, como sucede más a menudo, para recursar con el fin de aprobar el examen de ingreso a la Universidad…

Sin embargo, desde el comienzo de la crisis, los asalariados daneses tienen una duda. ¿Los protegerá la “flexiseguridad”, ese remedio milagroso contra el desempleo tan alabado en su propio país y en el resto de Europa, contra la peor recesión que el reino haya tenido que enfrentar desde la gran crisis de los años 30?



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Escrito sobre el papel, este neologismo sin gracia resume en una fórmula eficaz lo que se considera mejor de ambos mundos: la flexibilidad para el empresario, la seguridad para el empleado. El patrón danés, al igual que su homólogo estadounidense o británico, puede –sin mediar demora, indemnización ni obra social– despedir a sus empleados. A estos últimos se les garantiza a cambio un seguro de desempleo decente por lo menos durante cuatro años o, si fuera necesario, una formación profesional a medida o incluso, como en la Agencia de Empleo de Sydhavnen, en Copenhague, un entrenamiento físico en su propio gimnasio.

Hasta el año pasado, el sistema funcionó con una indiferencia casi general, ya que el desempleo era prácticamente inexistente. Mogens Lykketoft, que lo inventó cuando era ministro de Economía de un gobierno de centro-izquierda (actualmente es diputado socialdemócrata en Folketing, el Parlamento danés) es categórico: “Es un éxito; las empresas ya no vacilan en contratar, porque saben que pueden liberarse sin demora ni gasto alguno de la mano de obra que no necesitan”.

Paraíso patronal

De hecho, en el momento de su implementación, en 1994, Dinamarca tenía oficialmente 300.000 desempleados (el 10% de la población activa). Siete años después, eran menos de 100.000, y la cifra cayó a menos de 47.000 en junio de 2008, antes de que la crisis mundial alcanzara las orillas del mar Báltico. Las empresas –no sólo las danesas– plebiscitan la “flexiseguridad” y el país ocupa los primeros lugares en el podio patronal internacional.

IMD, una gran escuela de comercio de Lausana, consultó este año a 4.000 responsables de 57 países para su World Competitiveness Yearbook 2009: en el primer lugar figura Dinamarca que aparece como un paraíso patronal por el liberalismo de su gobierno, su buen clima para los negocios y su paz social, con un puntaje de 100 puntos (Francia tiene 28,4). La revista estadounidense Forbes (1) la llama “the best country for business” (el mejor país para los negocios) y la ubica, según la opinión de los empresarios consultados, antes de Estados Unidos.

Sin embargo, los empleados no están descontentos. Según un sondeo realizado en 2006 por Eurofound –una fundación bruselense encargada de seguir la situación social en la Unión Europea (2)–, los empleados daneses parecen ser los más “satisfechos” con su suerte entre los 27 países miembros.

Es comprensible. El pleno empleo está casi asegurado, los salarios aumentan rápidamente (el 4% en 2007-2008, antes de la crisis), y es casi seguro encontrar un puesto en la competencia en caso de incompatibilidad de caracteres con el jefe o espíritu aventurero, una cualidad muy extendida entre los descendientes de los vikingos… “La flexiseguridad fue desarrollada en un período de expansión y esa es una de las razones de su éxito”, admite Holger K . Nielsen, presidente de Socialistisk Folkparti –partido más a la izquierda que la socialdemocracia y que creció en las últimas elecciones europeas–.

Llega la crisis… La “flexiseguridad” cojea: la flexibilidad se acelera, la seguridad retrocede… Dinamarca, más pequeña que la región Midi-Pyrénées y menos poblada que Ródano-Alpes –cuenta con 5,6 millones de habitantes–, es muy dependiente del comercio internacional. Por lo tanto resulta muy vulnerable a “la extraordinaria recesión mundial”, para repetir el eufemismo vigente en el grupo más grande del país, el armador A.P. Moller-Maersk, líder mundial del transporte en containers.

En 2007, el país exportaba la mitad de su producto bruto interno. “La exportación es el sector que da la nota en las negociaciones sociales”, explica Klaus Rasmussen, dirigente de Danish Industry, la principal organización patronal. No es precisamente música para los oídos de los empleados del sector privado, que son los más numerosos. Las ventas para la exportación se redujeron en casi un 20% desde hace un año, y mes a mes el número de quiebras bate nuevos récords. La más espectacular hasta ahora fue la que terminó con la aerolínea low cost Sterling Airways (29 aviones). Entonces –y no únicamente en la aviación– las empresas aminoran la marcha, recortan gastos considerados superfluos (en el medio millar de buques que pertenecen a Maersk, los marineros ya no tienen derecho a servilletas de papel desde el 1º de enero) y despiden personal. Desde el último verano, el desempleo aumentó dos veces más rápidamente que en Francia. Se duplicó en un año y alcanzó 107.000 desempleados en julio de 2009, siendo los obreros los más afectados.

En el dañado sector de la construcción y la obra pública, el 13% de los trabajadores (dos veces más que hace un año), el 27% de los albañiles y el 13% de los pintores están sin trabajo, según la Federación Unida de Trabajadores Daneses (Fagligt Foelles Forbund, las 3 F, como se la llama), que registra una caída del 4% de sus adherentes desde enero de 2008. El simple anuncio de un puesto de recepcionista atrajo más de novecientos candidatos en el interior del país. En ocho meses, según la Agencia Nacional de Empleo (AMS) encargada de la política laboral, el número de jóvenes de menos de 24 años sin trabajo se cuadruplicó. Quizá se trate de aquellos que recibieron indemnización por haberse asociado a alguna de las treinta cajas de desempleo que están totalmente ligadas a los sindicatos.

En Dinamarca, como en Suecia, el viejo modelo de voluntariado de Ghent (3) todavía se aplica: la adhesión a un seguro de desempleo es optativa. Como resultado, dado el cuasi pleno empleo al que se llegó durante el boom de los años 2000, muchos jóvenes no consideraron útil asociarse. A fines del primer trimestre de 2009, 16.000 de ellos se habían quedado sin trabajo y sin seguridad, es decir tres veces más que los jóvenes desempleados indemnizados. Ahora, deben contentarse con una magra ayuda pública parecida al Ingreso Mínimo de Actividad vigente en Francia.

Las negociaciones salariales que comenzaron el pasado mes de marzo no anuncian nada bueno. Según las fuentes patronales, uno de cada dos empleados del sector privado no recibirá aumento en 2009; uno de cada tres deberá aceptar el congelamiento de su salario por hora. Esto se traducirá en una baja del poder adquisitivo del orden del 2% según el Consejo Económico, una institución oficial pero independiente. Para muchos hogares jóvenes que se endeudaron para adquirir su casa –cerca de los dos tercios de los daneses son propietarios–, esto constituye una catástrofe: en mayo, los embargos batieron un récord de casi quince años de antigüedad.

Según el Danske Bank, el banco más importante del país y el segundo de Escandinavia, los precios de los inmuebles, que están bajando desde 2007, deberían disminuir en 2009 “casi un 10% para las casas y el doble para los departamentos” (4), lo cual constituye el repliegue más grande de Europa después de Gran Bretaña e Irlanda. El joven ministro de Impuestos y número 3 del gobierno, Kristian Jensen, permaneció intransigente. El gabinete no hará nada para ayudar a los propietarios desgraciados: “Se las tienen que arreglar”, se dice de manera no oficial.

Es una señal más, para una población acostumbrada desde hace mucho tiempo a ser cuidada “de la cuna al ataúd”, de que el Estado de Bienestar al estilo danés ya no es lo que era. Para el gobierno del centro-derecha que está en el poder desde 2001, la amenaza que pesa sobre él es financiera. Según los cálculos del poder realizados antes de la crisis, faltarían unos 15.000 millones de coronas (2.000 millones de euros) en 2015 para hacer frente a los gastos. Su “Plan Economía 2015”, edificado sobre un “ni, ni” quimérico (ni subida de impuestos ni reducción de las prestaciones) no resistió a la recesión. Su reforma fiscal, que entrará en vigor a partir del 1º de enero de 2010, rebaja los impuestos directos pero posterga a una fecha aún no determinada el alza de los “impuestos ambientales” sobre la electricidad, la calefacción, los camiones, los gases de efecto invernadero distintos del CO2, las aguas residuales, los taxis… Más gastos futuros para los hogares, que ya soportan un IVA del 25% y que, en contrapartida, deberían obtener un modesto cheque anual equivalente a 100 euros por adulto y 40 por niño.

Dicho con claridad, esta extraña reforma fiscal debilita un poco más el Estado de Bienestar, pero tiene la doble ventaja de agradarle a los electores de derecha y sostener una coyuntura más que degradada, insuflando en la economía 15.000 millones de coronas en 2010 (más de 2.000 millones de euros) y 8.000 millones (1.100 millones de euros) en 2011. Después se verá; las próximas elecciones legislativas deben celebrarse a más tardar en noviembre… de 2011.

El gobierno de Loekke Rasmussen, compuesto por ministros liberales y conservadores, es minoría en el Parlamento (Folketing). Le faltan los 25 votos que le aporta regularmente el Dansk Folkeparti (DF), el Partido del Pueblo Danés, ubicado a la extrema derecha y que proclama sin tapujos la xenofobia, la hostilidad hacia la Unión Europea y la defensa de los jubilados. Morten Messerschmidt, 28 años, cabeza de lista en las elecciones europeas del 7 de junio y cuyo retrato pendía de todos los faroles de Copenhague durante la campaña, denuncia la inmigración como la amenaza más grande contra el modelo social danés: “Debemos protegerlo, porque somos un país pequeño y nuestra identidad es especial”, nos explica en Berlingske Tidende, un diario conservador fundado hace 260 años que lo recibe para una velada electoral donde se apiña una asistencia visiblemente acomodada. Es el candidato que más votos recogió el 7 de junio.

El DF no necesita ministros para estar en el poder. Dinamarca ha conservado un régimen parlamentario; allí, el poder legislativo tiene preeminencia sobre el ejecutivo. Todo pasa en el Folketing y sus 25 comisiones parlamentarias, donde se examinan las decisiones que los ministros están obligados a ejecutar al pie de la letra. “En las reuniones ministeriales de Bruselas, el ministro danés debe acogerse a sus instrucciones y remitirse a la comisión del Folketing para cambiar algo”, explica Gunnar Rieberholdt, ex embajador de Dinamarca en París y uno de los artífices de la adhesión de los tres países bálticos a la Unión Europea en 2004.

La extrema derecha a la ofensiva

Nada más simple para el DF, fortalecido por su situación como grupo bisagra en el Parlamento, que multiplicar los golpes bajos y las provocaciones contra los 400.000 inmigrantes censados al 1º de enero de 2009 y los daneses oriundos de países musulmanes –de Turquía, pasando por Somalia, a Paquistán– llegados a fines de los años 60 como refugiados políticos. Un día se dice que en los comedores escolares hay que reemplazar urgentemente el pollo por la carne de cerdo, famosa por ser más “danesa”. Una obsesión habita el DF: restringir por todos los medios el acceso de los inmigrantes a la protección social. Desde 2002, la esposa de un inmigrante pierde sus derechos sociales si no trabajó por lo menos 300 horas en dos años. Pretexto invocado: la liberación de la mujer musulmana de la tutela de su marido. Sin duda, para liberarla un poco más, ahora el gobierno quiere imponerle ¡450 horas! La consecuencia más visible es el agravamiento de la pobreza entre los recién llegados, en particular de sus hijos: más de uno de cada diez de estos niños vive por debajo del umbral de la pobreza.

El acceso a la nacionalidad danesa está prácticamente cerrado. Hacen falta entre nueve y diez años de permanencia para poder presentar una solicitud, y luego hay que pasar una prueba de danés –lengua de por sí difícil– particularmente peliaguda. Desde 2002, bajo la influencia del DF, estas han sido endurecidas cuatro veces por el Parlamento. Una prueba a ciegas organizada por el Berlingske Tidende mostró que uno de cada dos bachilleres daneses “de origen” no la pasaba. La política de reunificación familiar atravesó el mismo endurecimiento: el esposo o la esposa debe tener al menos 24 años y “una relación más fuerte con Dinamarca que con el país de origen del cónyuge”. Medida tras medida, el gobierno reinventa cada día el estatuto de los metecos de la antigua Roma, so pretexto de firmeza.

Ravi Chandran, llegado de Singapur en 1992, hoy responsable de una organización no gubernamental especializada en la ayuda a las víctimas del sida pertenecientes a minorías étnicas, cuenta las frustraciones de los new danes, que no tienen ojos azules ni cabello rubio: “Nacieron y han sido criados aquí; Dinamarca es su único país, no tienen otro. Oyen a sus padres quejarse del destino que se les impone, ven cómo la televisión se apiada de la muerte violenta de un danés de cepa e ignora la de los otros. Ellos mismos sienten toparse con una pared de vidrio… Entonces, de vez en cuando, todo estalla, como en febrero de 2008 en Nørrebro ” (5). Lally Hoffmann, periodista estrella y especialista en política exterior en TV2, el canal público, se aflige por el clima de intolerancia: “No reconozco la Dinamarca de mi infancia; su imagen en el mundo se degradó mucho”.

Las caricaturas del profeta Mahoma, publicadas por el diario danés Jylland-Posten a fines de septiembre de 2005, ilustraron a los ojos del mundo y de Europa (que por lo general prefiere mirar para otro lado), el peso de la extrema derecha danesa que gobierna el país. “El problema no es su publicación, sino la negativa extendida por cuatro meses del ex Primer Ministro Anders Fogh Rasmussen –hoy secretario General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)–, de darle una entrevista a los embajadores acreditados de doce países musulmanes que la habían solicitado”, explica Toeger Seidenfaden, jefe de Redacción de Politiken, el mayor diario danés que defiende, un poco sólo pero con uñas y dientes, la línea liberal tradicional sobre la acogida de los extranjeros o el tratamiento de las minorías.

Lejos de ser una torpeza, la negativa de Rasmussen fue deliberada: la defensa de la libertad de expresión no fue más que un pretexto que disimulaba mal lo que era un secreto a voces en los ámbitos políticos de Copenhague: Pia Kjaersgaard, ex ama de llaves elegida para el Folketing en 1984 y dirigente todopoderosa del DF, había vetado cualquier audiencia.

Ante la deriva derechista de la opinión, la izquierda está muy incómoda. Socialdemócratas, socialistas de izquierda y social-liberales firmaron un acuerdo tripartito de gobierno, pero, escaldados por tres derrotas electorales en ocho años, vacilan en oponerse demasiado firmemente a la política xenófoba de la mayoría. “El gobierno ha sido electo y reelecto acusándonos de ser complacientes con los extranjeros”, se defiende Mogens Lykketoft, que perdió la presidencia del Partido Socialdemócrata como consecuencia de la última derrota en noviembre de 2007. “Es necesario que los daneses se acuerden de que la izquierda siempre fue mejor que la derecha en el plano social. Todavía no ha ocurrido”, agrega.

¿Pero, hay todavía consenso, como en los años 60, para ampliar el modelo social danés, después de un enriquecimiento excepcionalmente rápido? “En dos generaciones, una lengua de arena desheredada, en la periferia de Europa, se convirtió en un país de Cucaña”, escribió Knud J. V. Jesperen, el historiador oficial de la reina de Dinamarca, la muy popular Margrethe II, en su clásico libro sobre la historia del país (6). La igualdad de antaño dio lugar a un sentimiento nuevo: el egoísmo de las clases medias, que ya no quieren pagar “para los otros” y reclaman con desesperación rebajas de los impuestos.

Ya han sido satisfechas en parte con la reforma fiscal, pero no se detendrán allí. A fines de mayo, los 98 alcaldes del país, verdaderos factótums del Estado de Bienestar que les delegó la ejecución de numerosas misiones (guarderías, escuelas, cuidados a las personas de edad, empleo, cultura) se quebraron ante la perecuación fiscal (7) impuesta a los municipios más ricos en provecho de los que lo son menos. Cuarenta de ellos exigieron una revisión para bajar la solidaridad. Indignados, 27 alcaldes de municipios pobres les pidieron retirar su propuesta. Rudersdal, la Neuilly danesa, donde la renta per cápita es dos veces más alta que en Copenhague, ya no quiere pagar… Cepos o Copenhagen Institute, filiales de think-tanks conservadores estadounidenses, son solventes en Copenhague y propugnan la baja de los impuestos como la solución a todos los problemas.

Las empresas también salen del apuro fiscal. El impuesto a los beneficios de las sociedades (IS) ha sido restablecido al 25% (es del 33,5% en Francia); casi no existe un impuesto sobre el capital y el patrimonio; los hogares sostienen la mayor parte del financiamiento de los gastos sociales mediante impuestos indirectos particularmente pesados que explican la carestía del costo de vida en el país. Como ni la derecha ni la izquierda pretenden pedirles un esfuerzo suplementario, el encogimiento del Estado de Bienestar se anuncia ineluctablemente para el futuro. El gobierno actual pretendió reducir de cuatro a dos años el período de indemnización por desempleo, cuyo máximo ya fue estipulado en 2006 en 2.000 euros al mes. Por ahora tuvo que renunciar a eso debido a la crisis. Pero otra vez será. “Podemos retrasar el problema algunos años, no es el momento de cambiar las cosas”, admite K. Rasmussen, de la organización patronal Confederation of Danish Industry.

Más aun considerando que hay otros medios para gastar menos además de la reducción de las prestaciones, como lo muestra la otra pata de la “flexiseguridad”, la seguridad del empleo. “En 1993 hubo una ruptura ideológica –analiza el profesor Jorgen Goul Andersen, de la Universidad de Aalborg, en el centro del país–. La Seguridad Social dejó de ser la prioridad en provecho de otro objetivo: la baja del desempleo estructural”. Se endurecieron las condiciones que hay que cumplir para acceder a la indemnización por desempleo, se multiplicaron las obligaciones (encontrarse con al menos cuatro empleadores por semana, seguir una formación, presentarse a las citas de las agencias de empleo, aceptar cambiar de residencia y de oficio, etcétera).

Con la crisis aumenta la tentación de endurecer un poco más todavía el dispositivo. El aktivering (activación), obligatorio para todo beneficiario de una ayuda, no es una sinecura y, según Andersen, “un desempleado encuentra, en promedio, empleo antes del principio de su período de activación”. Si al principio, en la mente de sus promotores socialdemócratas, esta política debía permitir recalificar la mano de obra sin interrupción ni desempleo, en la práctica se reveló más bien como una estratagema para obligar a los desempleados a retomar lo más rápido posible un empleo sin hacerse los difíciles… Todo está preparado, en efecto, para disuadirlos de entrar al cabo de tres meses de inactividad en el ciclo de “la activación”: les es cada vez más difícil escoger su nuevo oficio, su empleador o hasta su lugar de actividad. Y en caso de negativa, se verá privado del subsidio. ¿El workfare (8) reemplazará el welfare en el futuro modelo social danés?

Notas:

1 Forbes , Nueva York, 25-3-09.

2 European Foundation for the Improvement for Living and Working Conditions, 2006. En: www.eurofound.europa.eu

3 El modelo de Ghent, aparecido justo al principio del movimiento obrero en la ciudad de Gante, Bélgica, reposa en tres principios: la adhesión optativa de los beneficiarios, la gestión sindical de las cajas y su multiplicidad. Se opone al principio de universalismo que pretende ofrecer los mismos servicios a todos los ciudadanos, trabajadores o inactivos, nacionales o inmigrantes. En Dinamarca, este modelo sobrevive sólo para la indemnización del desempleo.

4 Danske Bank, “Nordic Outlook. Economic and financial trends”, Copenhague, junio de 2009.

5 A partir de 2007 el distrito de Nørrebro , al norte de Copenhague, atravesó varios distrurbios sociales; entre otros, el cierre de una vivienda ocupada con repetidos motines que oponen la mayoría de las veces a jóvenes y policías. En febrero de 2008, el enfrentamiento entre miembros de pandillas de motociclistas de la policía y jóvenes musulmanes de segunda generación provocó un muerto y devastó el barrio.

6 A History of Denmark , Palgrave Macmillan, Nueva York, 2004.

7 N. de la R.: La “perecuación” supone el r eparto equitativo de las cargas entre quienes las soportan.

8 El Workfare State (Estado del Trabajo), política de prestaciones sociales condicionadas, debe entenderse en contraposición al Welfare State (Estado del Bienestar) modelo basado en la asignación por parte del Estado de ciertos servicios o garantías sociales a los ciudadanos de un país.