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quarta-feira, 13 de fevereiro de 2013

10 caracteres do ecossocialismo segundo Jorge Riechmann



Eis uma magnífica definiçom do ecossocialismo a cargo de Jorge Riechmann, escritor e professor na UAM. Lida aqui (e descuberta em Rebelion.org graças aos companheiros de Espaço Ecosocialista). Gosto de todo o texto, mas em particular o de "socialismo homeostático" parece-me todo um acerto terminológico.

"Para una caracterización del ecosocialismo en diez rasgos"

1.
Frente al nihilismo contemporáneo, el ecosocialismo propugna una moral igualitaria basada en valores universales, arrancando en el primero de ellos: la dignidad humana. Más allá de la moral capitalista de poseer y consumir, más allá de su moral, la nuestra: vincularse y compartir. El pensador marxista franco-brasileño Michael Löwy, uno de los teóricos del ecosocialismo moderno, ha argumentado la necesidad de una ética ecosocialista con los siguientes rasgos: social, igualitaria, solidaria, democrática, radical y responsable.

2. Frente a la deriva biocida de las sociedades contemporáneas, el ecosocialismo apuesta por vivir en esta Tierra, “haciendo las paces” con la naturaleza. El socialismo, como sistema social y como modo de producción (sobre la base de la producción industrial), se define esencialmente por las condiciones de que el trabajo deja de ser una mercancía, y la economía se pone al servicio de la satisfacción igualitaria de las necesidades humanas. El valor de uso ha de dominar sobre el valor de cambio: esto es, la economía ha de orientarse a la satisfacción de las necesidades humanas (y no a la acumulación de capital). El ecosocialismo añade a las condiciones anteriores la de sustentabilidad: modo de producción y organización social cambian para llegar a ser ecológicamente sostenibles. (No mercantilizar los factores de producción –naturaleza, trabajo y capital—, o desmercantilizarlos, es la orientación que un gran antropólogo económico como Karl Polanyi sugirió en La Gran Transformación).

3. Frente a la pérdida de horizonte alternativo (tanta gente que ya sólo concibe la vida humana como compraventa de mercancías), el ecosocialismo es anticapitalista en múltiples dimensiones, incluyendo la cultural, y está comprometido con la elaboración de una cultura alternativa “amiga de la Tierra”. Hablaremos de “socialismo” en el sentido propio e histórico del término, un socialismo radicalmente crítico del capitalismo que busca sustituirlo por un orden sociopolítico más justo (y hoy hay que añadir: que sea sustentable o sostenible). No nos referimos, por tanto, a la profunda degeneración de la corriente política socialdemócrata que ha terminado desembocando en partidos políticos nominalmente “socialistas” aunque practiquen políticas neoliberales.

4. Frente a la tentación de refugiarse en los márgenes, el ecosocialismo mantiene la lucha por la transformación del Estado. Me impresionó, hace no mucho, un artículo de Ignacio Sotelo donde, tras decretar la inviabilidad de la revolución –“mitología decimonónica de una clase obrera supuestamente revolucionaria”− y también de la mera reforma –ya que “la rebelión y la protesta no van a cambiar el capitalismo financiero establecido”-- el catedrático de sociología –que se supone representa de alguna manera la izquierda del PSOE, no lo olvidemos− concluye que “no queda otra salida que trasladarse a otro país –la emigración vuelve a ser el destino de muchos españoles– o bien encontrar acomodo en la economía alternativa, saliéndose del sistema” . Es llamativa la coincidencia de esa propuesta de supervivencia en los márgenes, altamente funcional al desorden establecido, con la tentación de una parte considerable de los movimientos alternativos indignados: organicémonos por nuestra cuenta al margen del Estado (si destruyen la sanidad pública, creemos cooperativas de salud autogestionadas, etc.). Frente a esa tentación, el ecosocialismo afirma: no renunciamos a la transformación del Estado, de manera que llegue a ser alguna vez de verdad social, democrático y de Derecho.

5. Frente a la dictadura del capital que se endurece a medida que progresa la globalización, el ecosocialismo defiende la democracia a todos los niveles. Desmercantilizar, decíamos antes: y también democratizar. El ecosocialismo trata de avanzar hacia una sociedad donde las grandes decisiones sobre producción y consumo sean tomadas democráticamente por el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas, de acuerdo con criterios sociales y ecológicos que se sitúen más allá de la competición mercantil y la búsqueda de beneficios privados. 

6. Frente al patriarcado, ecofeminismo crítico. Como ha señalado Alicia Puleo, el ecofeminismo no se reduce a una simple voluntad feminista de gestionar mejor los recursos naturales, sino que exige la revisión crítica de una serie de dualismos que subyacen a la persistencia de la desigualdad entre los sexos y a la actual crisis ecológica. El análisis feminista de las oposiciones naturaleza/ cultura, mujer/ varón, animal/ humano, sentimiento/ razón, materia/ espíritu, cuerpo/ alma ha mostrado el funcionamiento de una jerarquización que desvaloriza a las mujeres, a la naturaleza, a los animales no humanos, a los sentimientos y a lo corporal, legitimando la dominación del varón, autoidentificado con la razón y la cultura. El dominio tecnológico del mundo sería un último avatar de este pensamiento antropocéntrico (que sólo otorga valor a lo humano) y androcéntrico (que tiene por paradigma de lo humano a lo masculino tal como se ha construido social e históricamente por exclusión de las mujeres). La negación y el desprecio de los valores del cuidado, relegados a la esfera feminizada de lo doméstico, ha conducido a la humanidad a una carrera suicida de enfrentamientos bélicos y de destrucción del planeta. Un ecofeminismo no esencialista y decidido a realizar una “ilustración de la Ilustración”, como el que propone Alicia Puleo , hemos de considerarlo imprescindible aliado del ecosocialismo que aquí se propugna.

7. Frente a la idea de un “capitalismo verde”, el ecosocialismo defiende que no tenemos buenas razones para creer en un capitalismo reconciliado con la naturaleza a medio/ largo plazo, aunque en el corto plazo sin duda serían posibles reformas ecologizadoras que permitirían básicamente “comprar tiempo” con estrategias de ecoeficiencia (“hacer más con menos” en lo que a nuestro uso de energía y materiales se refiere) . La razón de fondo de tal incompatibilidad es el carácter expansivo inherente al capitalismo, ese avance espasmódico que combina fases de crecimiento insostenible y períodos de “destrucción creativa” insoportable. Hoy ya estamos más allá de los límites, y por eso suelo decir que “el tema de nuestro tiempo” (o al menos, uno de los dos o tres “temas de nuestro tiempo” prioritarios) es el violento choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta. (y hoy “sociedades industriales” quiere decir: el tipo concreto de capitalismo financiarizado, globalizado y basado en combustibles fósiles que padecemos). Si se quiere en forma de consigna: marxismo sin productivismo, y ecologismo sin ilusiones acerca de supuestos “capitalismos verdes”.

8. Frente a la quimera del crecimiento perpetuo, economía homeostática. Una economía ecosocialista rechazará los objetivos de expansión constante, de crecimiento perpetuo, que han caracterizado al capitalismo histórico. Será, por consiguiente, una steady state economy: un “socialismo de estado estacionario” o “socialismo homeostático”. La manera más breve de describirlo sería: todo se orienta a buscar lo suficiente en vez de perseguir siempre más. En los mercados capitalistas se produce, vende e invierte con el objetivo de maximizar los beneficios, y la rueda de la acumulación de capital no cesa de girar. En una economía ecosocialista se perseguiría, por el contrario, el equilibrio: habría que pensar en algo así como una economía de subsistencia modernizada, con producción industrial pero sin crecimiento constante de la misma.

9. Frente al individualismo anómico y la competencia que enfrenta a todos contra todos, frente a la cultura “emprendedora” que convierte a cada cual en empresario de sí mismo presto a vender sus capacidades al mejor postor, el ecosocialismo defiende el bien común y los bienes comunes. Esta consigna apunta a priorizar los intereses colectivos (¡no solamente los de los seres humanos, y no solamente los de las generaciones hoy vivas!), y a gestionar las riquezas comunes más allá de las exigencias de rentabilidad del capital. Educación, sanidad, energía, agua, transportes colectivos, telecomunicaciones, crédito –ninguno de estos servicios básicos deberían ofrecerlos empresarios privados en mercados capitalistas. Tendrían que proveerse mediante empresas públicas y cooperativas gestionadas democráticamente.

10. Frente a la fosilización dogmática, ecosocialismo es socialismo revisionista. Pero es que, como decía Manuel Sacristán, “todo pensamiento decente tiene que estar siempre en crisis” . Aquí también es de utilidad la categoría pasoliniana de empirismo heréticoque le gustaba recordar a Paco Fernández Buey. Yendo a lo nuestro: lo esencial del marxismo, como repetían estos grandes maestros, es el vínculo de una idealidad emancipatoria con el mejor conocimiento científico disponible. Cada elemento teórico concreto del pensamiento socialista es revisable en función de lo que hayamos logrado saber recientemente: lo que resulta irrenunciable es la moral igualitaria que aspira a acabar con el patriarcado y con el capitalismo.


Veinte elementos para un programa de transición poscapitalista

En cierto momento de El socialismo puede llegar sólo en bicicleta (Los Libros de la Catarata, Madrid 2012), hacia el final del capítulo 8, me atreví a esbozar lo que podrían ser líneas maestras de un “programa de transición”. Lo completo y actualizo aquí.

1. Reforma ecológica de la Contabilidad Nacional, para disponer de indicadores adecuados que permitan evaluar la economía en su comportamiento biofísico (más allá de la esfera del valor monetario). 
2. Socialización del sistema de crédito. Banca pública fuerte que canalice la inversión necesaria para la transición económico-ecológica.
3. Entre los mecanismos más interesantes para la planificación indirecta no burocrática de la inversión en economías con sectores de mercado importantes se hallan los descuentos y recargos en los tipos de interés. La banca pública presta dinero a las empresas con ciertos descuentos o recargos en el tipo de interés, decididos para cada sector de bienes de consumo en función de criterios sociales y ecológicos.
4. Reforma fiscal ecológica, para “internalizar” una parte de los costes externos que hoy provoca nuestro insostenible modelo de producción y consumo. La figura central sería un fuerte ecoimpuesto sobre los combustibles fósiles. Se haría en el marco de una
5. Distribución más igualitaria de la riqueza y los ingresos. “Nuevo contrato fiscal” que globalmente aumentaría la tributación de las rentas altas y del capital, y pondría más recursos en el sector público (y desde luego eliminaría los paraísos fiscales).
6. Intensa reducción de las disparidades salariales.
7. Reducción del tiempo de trabajo, de manera que se pueda disfrutar de mucho más ocio (entendido no como consumismo en el tiempo libre, sino como actividades autotélicas –aquellas que se buscan por sí mismas, no como medio para otros fines--, que son una de las claves principales de la vida buena)…
8. …y buscando las condiciones para que la reducción del tiempo de trabajo se traduzca en nuevo empleo (ello dista de ser automático). El pleno empleo volvería a ser un objetivo esencial de las políticas económicas. Trabajar menos (solidaridad social) y consumir menos bienes destructores de recursos escasos (solidaridad internacional e intergeneracional) para trabajar todos y todas, y consumir de otra forma.
9. Políticas activas de empleo; formación continuada a lo largo de toda la vida laboral; sistemas renovados de recalificación profesional.
10. “Tercer sector” de utilidad social, semipúblico, para atender a las demandas insatisfechas (por ejemplo las que se refieren a la “crisis del cuidado”).
11. “Segunda nómina” que el Estado abonaría a los asalariados que no trabajasen a jornada completa o lo hicieran por debajo de un salario mínimo decente.
12. Fiscalidad sobre el consumo lujoso, ya sea por medio de impuestos sobre el gasto (tipos impositivos crecientes por encima de cierto nivel de gasto), ya mediante tipos altos de IVA a los bienes de lujo.
13. Estrategia de fomento de los consumos colectivos para mantener un alto nivel de satisfacción de necesidades con mucho menor impacto ambiental.
14. Provisión de bienes y servicios públicos de calidad por parte de un sector de la economía socializado: energía, transporte, comunicaciones, vivienda, sanidad, educación...
15. Infraestructuras para la sustentabilidad: energías renovables, transporte colectivo, ciudades y pueblos sostenibles...
16. Fuertes restricciones a la publicidad comercial. Para empezar, una reforma impositiva: no permitir a las compañías declarar la publicidad como gastos de empresa desgravables.
17. Reducción de la escala física de la economía hasta los límites de sustentabilidad. Economía “de estado estacionario” en ese sentido (no necesariamente en cuanto a la “creación de valor”). Yo prefiero la expresión economía homeostática, una economía dinámica que deja de expandirse materialmente (y estabiliza su “flujo metabólico” de materiales y energía en niveles de sustentabilidad).
18. Aplicación del principio de biomímesis (reconstruir los sistemas humanos imitando algunos rasgos importantes de los sistemas naturales, de forma que los primeros sean más compatibles con los segundos), generalizando estrategias que ya han dado sus frutos en algunos sectores y disciplinas (agroecología, química verde, ecología industrial, etc.)
19. Estrategia de ecoeficiencia.
20. Desglobalizar y relocalizar lo esencial de la producción.

sábado, 19 de janeiro de 2013

Energia 100% renovável o 99.9% do tempo





Nom hai muito publicava-se neste blogue uma postagem com o título de “Energia 100% renovável? A utopia cada vez mais perto” (ligaçom). Falava-se ali da capacidade da energia solar fotovoltaica de cubrir em momentos puntuais uma boa parte do consumo energético de Alemanha, e tomava-se esse dado como um indicador otimista cara um futuro integramente renovável. Ora, é sabido que a geraçom de energia em base a fontes renováveis apresenta vários problemas, como o elevado custo econômico ou a irregularidade da geraçom, ao depender das variações na força do vento ou da intensidade da radiaçom solar.

Mas agora, um trabalho publicado no Journal of Power Sources mostra que estas dificuldades som, em realidade, superáveis.

O estudo, disponhível em acceso aberto nesta ligaçom, simulou 28.000.000.000 combinações possíveis de geraçom e armazenamento de energia para uma rede elétrica “regional” estadounidense, que abarca vários estados (ver foto), e para um horizonte temporal de 4 anos. As soluções ótimas—em termos de balanço de custos e fiabilidade do suministro elétrico—conseguiriam, segundo estes cálculos, fornecer durante até o 99.9% do tempo a totalidade da energia elétrica consumida. E, o que nom é menos importante, conseguiria-o a um custo comparável ao atual.

A soluçom proposta combina a geraçom de energia eólica e solar fotovoltaica e o armazenamento electroquímico. Mediante a geraçom de diferentes tipos de energia em diferentes sítios evitaria os problemas de intermitência que apresenta um único gerador localizado num único sítio. Isso si, este escenário, calculado para o ano 2030, incluiria uma importante geraçom de energia eólica marinha, que a dia de hoje está ainda por instalar. Por exemplo, uma possível combinaçom seria 17 GW de energia solar, 68 GW de eólica marinha e 115 GW de eólica tradicional.

Na minha opiniom, estudos como este som tanto uma boa notícia como um toque de atençom; uma chamada à reflexom sossegada e ao debate. Cada vez está mais claro que as energias renováveis nom som um simple complemento nem uma soluçom utópica, senom uma alternativa integral viável que soporta análises rigorosas*. Ao mesmo tempo, temos que ser conscientes de que esta opçom acarreta um impacto: precisa um considerável incremento da capacidade de geraçom, o que implica granjas solares e mais parques eólicos, tanto na terra como no mar. Algo do que nom sempre gostaremos, mas que seguramente seja o mal menor.   

(* O Journal of Power Sources é provavelmente a publicaçom acadêmica de mais prestígio na área electroquímica. )

quarta-feira, 6 de junho de 2012

Energia 100% renovável? A utopia cada vez mais perto




Leo numha web do IEEE que a produçom de energia solar fotovoltaica em Alemanha chegou recentemente a cubrir quase a metade do consumo energético desse país durante um par de horas. Trata-se dum feito puntual, mas ainda assi é umha cifra salientável, mesmo surpreendente, sobre todo porque o potencial de crescimento desta energia é ainda grande. Insisto, nom falamos de energias renováveis em geral, senom apenas da solar fotovoltaica, e dum país nom demasiado "solar" (em princípio) como Alemanha. A notícia engade que possivelmente no próximo dia festivo, com a maioria das empresas fechadas, Alemanha poderia cobrir durante umhas horas a totalidade da sua demanda energética só com energia solar. Na mesma web aportam o dado de que em Dinamarca a produçom de energia eólica (só eólica) tem chegado, tamém puntualmente, a superar a demanda total de energia. Sem ir tam longe, no Estado Espanhol a energia eólica cobre já, em promédio, o 16% da demanda energética total, valor que tem chegado a ser do 30% durante períodos prolongados (de várias semanas).

A geraçom eólica está bastante desenvolvida no nosso país, e nom serei eu quem defenda chantar um parque eólico em cada monte (ainda que penso que ainda pode existir certa margem de crescimento, tendo em conta possíveis parques marinhos, etc). Porém, a energia solar está ainda pouco explorada, e o seu potencial é mui prometedor. Sumemos-lhe à combinaçom destas duas fontes a importante capacidade hidroeléctrica com a que conta Galiza dende hai já tempo, e a perspectiva ainda incipiente de poder aproveitar parte da energia de ondas e mareas... e sae-nos um país candidato, a meio prazo, a ser autosuficiente energéticamente usando tam só energias renováveis. Já sei, nengumha fonte de energia é perfeita e todas tenhem algum impacto, como mínimo paisagístico, que hai que valorar. E é certo tamém que para redondear o escenário hai que superar ainda desafios técnicos importantes no referente ao armazenamento e transporte de energia. Mas coido que, mália as objecçons que se lhe poidam buscar, exemplos como os de Alemanha e Dinamarca oferecem motivos para o otimismo. E que carai, para umha vez que escrevo algo no blogue, quero ser otimista ;-)

sábado, 22 de janeiro de 2011

História da obsolescência programada

Este excelente documental repassa a história da chamada obsolescência programada, uma das chaves do insustentável hiperconsumismo que impera nos países "desenvolvidos". Inclui entrevista a Serge Latouche, um dos iniciadores do actual movimento pro-decrescimento, de quem já publicáramos algum texto. A must see!

sábado, 30 de outubro de 2010

O vermelho e o verde



A Costa do Cacau

Artigo de António Martins que me foi enviado por Vítor Martins (sem parentesco com o primeiro ;-) ). Esta análise do apaixonante momento político que está a viver o Brasil parece-me bem interessante. O autor vê na situação atual oportunidades para uma síntese entre "o vermelho" e "o verde"; palavras que resumem os paradigmas da esquerda "tradicional", por uma banda, e a "nova esquerda" (a que surge quando a anterior começa a alcançar as suas conquistas) por outra. E, na parte III do artigo, esforça-se por concretar como se poderia plasmar essa confluência. Valiosa achega ao que provavelmente seja o principal repto que tem que enfrentar a esquerda a dia de hoje.

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O segundo turno oferece a oportunidade para o encontro entre a esquerda histórica e uma nova cultura política. Um gesto simbólico de Lula e Dilma poderia abrir caminho para tanto.

Agora, quando o resultado das eleições de 3 de outubro está emergindo em seu conjunto, já é possível fazer balanços mais abrangentes, menos enevoados por manipulações da mídia ou expectativas frustradas. Distinguem-se, no panorama que se abre, duas tendências consolidadas: as “ondas” vermelha e verde. Enxerga-se, além delas, uma oportunidade histórica: a possibilidade de articulá-las – não num acordo eleitoral fugaz, mas num diálogo e possível construção de longo prazo.

A “onda vermelha” veio antes, cronologicamente. Atingiu seu ápice em meados de setembro, recuando em parte nas três semanas anteriores às urnas. Significou um vasto desafio a alguns dos fatores que marcam a submissão social no Brasil, no passado e no presente. Entusiasmadas pelo tímido – porém inédito – movimento de redistribuição de riqueza ensaiado no governo Lula, as maiorias questionaram o poder dos coronéis (locais e regionais); a ditadura da mídia piramidal (inclusive a TV Globo); a influência dos “formadores de opinião” da classe média conservadora; a força dos velhos preconceitos econômicos, segundo os quais investimento público é sinônimo de “gastança”.

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Os efeitos deste grande movimento são generalizados. Na disputa presidencial, a diferença entre PT e PSDB – os partidos que expressam, no imaginário popular, democratização e elitismo – alargou-se de 7 pontos percentuais, no primeiro turno de 2006, para 14,3 agora1. No plano estadual, o PT obteve vitórias emblemáticas no Rio Grande do Sul e, quase certamente, Distrito Federal. Tanto no Senado quanto na Câmara os partidos que compõem a base de Dilma ultrapassaram os 60% necessários para mudanças constitucionais.
No Senado, aliás, o DEM, melhor expressão da velha direita, viu sua bancada eleita em 2002 reduzir-se de 14 integrantes para apenas dois, agora; enquanto a do PSDB encolheu de 8 para 5. PSOL e PCdoB, que não haviam elegido senadores2 em 2002, têm agora, respectivamente, dois e um representantes. A casa ficou livre, além disso, de alguns ícones sagrados do conservadorismo, como Tasso Jereissati (PSDB-CE), Arthur Virgílio (PSDB-AM), Marco Maciel (DEM-PE) e Heráclito Fortes (DEM-PI). Na Câmara dos Deputados também houve guinada à esquerda, embora menos pronunciada3.
Já a “onda verde” formou-se na reta final da campanha. Em menos de vinte dias, Marina Silva (PT) passou de cerca de 12% das intenções de voto para 19,3%, no cômputo final. É o triplo do percentual (6,85%) alcançado por Heloísa Helena no primeiro turno de 2006, quando a então candidata do PSOL também representou uma espécie de terceira força. Mas a evolução qualitativa é ainda mais importante que a numérica. Heloísa expressava essencialmente uma frustração e um protesto – contra Lula e o PT. Setores da esquerda e (principalmente) da classe média, que idealizavam um governo mais radical (ou mais puro) que o real, descarregaram sua decepção na figura da senadora, amarga e embrabecida.
Marina é o passo adiante. Ela emociona-se ao descrever a angústia que sentiu, ao separar-se do PT. Reconhece os grandes avanços sociais dos últimos oito anos e o papel democratizador desempenhado pela esquerda histórica. Mas pensa isso não basta. Embora a enxurrada de votos que recebeu nos últimos dias tenha origens diversas e até contraditórias (como se verá adiante), o sentido político e simbólico que deu a sua candidatura é inconteste. Ela sugere que não basta integrar as maiorias nos padrões de produção e consumo do capitalismo, livrando-as da “exclusão”. É possível discutir os sentidos do desenvolvimento.
Afinal, que projetamos, como futuro coletivo? O “direito” dos pobres a seguir a classe média e mofar horas enjaulados em seus automóveis, todos os dias? O aumento indefinido da produção de energia, para que o consumo de latinhas de alumínio continue se expandindo? Casas para todos, mesmo que em regiões remotas das metrópoles, onde a natureza foi agredida e a mobilidade é quase nula? O título de maiores exportadores mundiais de alimentos, às custas de nossas florestas e preservando os latifúndios?
Marina não recebeu, é claro, apenas os votos de quem faz estes questionamentos. Ela foi beneficiada pelos eleitores que a mídia, após uma campanha abjeta e prolongada de calúnias, conseguiu tirar de Dilma – mas não foi capaz de transferir a Serra. Em seu colo caíram, também, as adesões por preconceito: gente amedrontada, nos grotões, por ouvir dizer que a candidata de Lula promove o aborto, é ateia, flerta com seitas satânicas. O PT deveria compreender que são circunstâncias da política institucional. Também ele foi beneficiado, mais de uma vez, por balas perdidas, nas disputas entre seus adversários. Para ficar num único exemplo, basta citar Maria Luíza Fontenelle, primeira prefeita eleita pelo partido numa capital (Fortaleza, 1985). Ela consagrou-se nas urnas também porque o PDS, partido da ditadura que recém-terminara, viu-se incapaz de derrotar Paes de Andrade (do PMDB, inimigo histórico) e preferiu descarregar seus votos na petista.

II.

Seria fácil para Dilma, Lula ou os partidos de esquerda que os apoiam, apontar em Marina o bode expiatório a necessidade do segundo turno – mas seria vão. Em contrapartida, um exame mais atento do resultado eleitoral serviria – em especial ao presidente, cuja argúcia política é reconhecida até pelos maiores adversários – para aprofundar e atualizar sua visão sobre a sociedade brasileira.
A emergência tão abrupta da figura política de Marina é mais um sinal de que o Brasil está mudando. Mas ao mesmo tempo em que confirma a potência das políticas de Lula, este fenômeno convida a atualizá-las, para que não se tornem repetitivas e obsoletas. A inclusão social, a criação da “nova classe média”, a “emergência das classes C e D” são reais e benvindas. Mas tende a repetir-se rapidamente, no Brasil, o choque que se deu entre o “welfare state” europeu e seus filhos rebelados de 1968.
Superada a “exclusão”, conquistado um lugar ao sol no pátio do capitalismo, uma nova questão se apresenta. Como continuar reinventando a vida? Certas análises muito recentes, sobre o primeiro turno brasileiro de 2010, tendem a diagnosticar a tendência de parte dos “incluídos” ao conservadorismo. Vencida a condição de miserável, uma parcela se tornaria refratária às propostas que sugerem novas mudanças: ou por temer regressar à condição anterior ou por querer diferenciar-se da massa dos pobres, que votam à esquerda. Esta seria a razão para Dilma ter obtido, no Nordeste e Norte – as regiões mais beneficiadas pelos programas sociais – dianteira inferior à que se previa.
Para testar esta hipótese, será preciso examinar os resultados das eleições em regiões sociais homogêneas, comparando-os com os de pleitos anteriores. Um exame mais profundo do fenômeno talvez revele um bifurcação em Y. Ultrapassadas as condições de desigualdade mais dramáticas, parte da sociedade pode tender, de fato, ao conservadorismo. Mas um outro setor – especialmente entre a juventude, de todos os extratos sociais – passa a reivindicar mudanças ainda mais profundas.
Ele alegra-se com a superação da miséria, mas isso apenas aguça seu desejo de uma vida nova. A simples exaltação das conquistas alcançadas não o anima. E repele (talvez sem realismo, mas certamente com razão…) os “efeitos colaterais” do que foi obtido. Neste grupo, estão os eleitores que se chocam, por exemplo, com a ausência de uma política ambiental avançada; com a devastação contínua (ainda que decrescente) da Amazônia; com a lentidão da reforma agrária e a conivência com o agronegócio predatório; com a construção de grandes obras sem esclarecimento suficiente de seus impactos ambientais; com o envenenamento e congestão das metrópoles; com as alianças com certos coronéis da política.
Marina seduziu, provavelmente, uma parte importante (talvez majoritária…) deste eleitorado. Ele não se confunde com a ultra-esquerda clássica. Por isso, não optou pelo PSOL (embora tenha, certamente, admirado sua participação irreverente e pedagógica de Plínio Sampaio nos debates). Nem presta atenção ao fato de a candidata do PV ter como vice um empresário cotado na lista Forbes dos bilionários globais; de voar a bordo do jatinho mais luxuoso da campanha; de ter, como assessor econômico, alguém mais neoliberal que o próprio Serra; de ter se filiado a um partido cujo passado é marcado pelo fisiologismo. Muito além da causa ambientalista, este eleitorado vê, no Verde de Marina, o símbolo de uma ideia-base: não basta matar a fome, nem incluir a todos na ordem atual; temos um mundo e um país a inventar.

III.


A existência de uma vasta parcela da sociedade que pensa assim é “algo nunca antes visto na história do Brasil”. Não vem ao caso, neste instante, debater os qualidades e limites da candidata, ou as inconsistências e contradições das forças em que seus planos se apoiaram. O importante, no momento, é perceber que Marina ajudou a expressar um fenômeno que Lula, Dilma e a esquerda que os apoia deveriam festejar, em vez de lamentar. Este setor, que se ampliará cada vez mais à medida em que ficar para trás a fase da mera “inclusão”, será contraponto aos “novos conservadores” e a seu peso imobilizante.
Promover o encontro entre o Vermelho e o Verde – ou seja, entre a esquerda histórica e os desejos de pós-capitalismo que emergem – é algo cuja importância vai muito além das eleições. Desta sintonia, difícil e delicada, porém necessária, dependerá a possibilidade de o Brasil continuar a ser, nas próximas décadas, um símbolo de criação política – muito mais que de “inclusão”.
Será excelente se surgirem, já na caminhada para o segundo turno, sinais de que tal confluência é possível. Eles terão de vir na forma de acenos de Lula, Dilma e partidos aliados a Marina e seu eleitorado. Cabe a quem exerce o governo sinalizar que pretende fazê-lo incorporando novas agendas, projetos e métodos – ou seja, revendo parte de sua prática. Não se deve esperar, em contrapartida, o apoio formal de Marina a Dilma. Se forem fortes e transmitirem sinceridade, estes gestos dialogarão diretamente com a sensibilidade do eleitorado Verde. Também servirão de contraponto a Serra; sua lógica puramente mercantil; seu governo enodoado pelo declínio da Educação paulista, repressão permanente aos sem-teto, sequência de incêndios suspeitos em favelas, maltrato aos moradores de rua, atos extremos como inundar a várzea pobre do rio Tietê, para preservar o trânsito de automóveis nas vias marginais.
Lula conhece como poucos a importância e força dos atos simbólicos. Terá diversas oportunidades para promovê-los. Narrada recentemente pelas novas mídias 4, talvez a luta da Costa do Cacau baiana por um novo projeto de desenvolvimento é um dos terrenos em que a nova aliança poderia ser possível. Lá, a sociedade civil já está gestando, num esforço inédito, a sintonia entre o social, o ambiental e o pós-capitalista.
Situada no Sul da Bahia, estendendo-se das margens do oceano ao coração da Serra do Mar, a Costa do Cacau abriga um dos maiores remanescentes da Floresta Atlântica no Brasil. Empobrecida pelo declínio da lavoura cacaueira, parcialmente socorrida pelo Bolsa-Família (em Ilheus, um de seus polos, 47% dos moradores vivem graças a este direito; 52% vivem abaixo da linha da pobreza e a metade destes é considerada economicamente “miserável”), a região é agora ameaçada por um projeto extrativista-exportador – que tem, até o momento, o apoio dos governos nacional e baiano. Uma transnacional casaquistanesa pretende construir, em área de proteção ambiental, um porto para escoar importantes jazidas de ferro descobertas a cerca de 500 quilômetros, no interior. Fala-se ainda no chamado Complexo Porto Sul, que incluiria uma siderúrgica (a ser implantada em parceria entre a Votorantim e sócios chineses), um aeroporto internacional e um segundo terminal portuário, para exportação de grãos.
Dezenas de organizações sociais mobilizam-se para evitar a concretização do projeto. Mas, à diferença do que ocorreu com outras lutas ambientais recentes, elas têm uma alternativa concreta, formulada em detalhes. Não são anti-desenvolvimentistas: querem outrodesenvolvimento. Seu projeto prevê transformar a região num polo de produção agrícola agro-industrial (cacau e chocolates) fortemente cooperativada – incentivando-se, em especial, os assentamentos de sem-terra; de difusão de conhecimento e novas tecnologias; de turismo ambiental e histórico.
Inspirada pelo conceito de eco-sócio-desenvolvimento, de Ignacy Sachs, a proposta preserva a natureza – mas gera, na ponta do lápis, ocupações muito mais numerosas e qualificadas que as oferecidas pelas mega-obras. As organizações que assumem a alternativa frisam que o Brasil é rico demais, cultural e ambientalmente, para reduzir-se à condição de exportador primário.
O licenciamento ambiental, ainda não concluído, sairá em breve, se prevalecerem os trâmites atuais. Para quebrar a rotina e sugerir uma mudança de rumos que enriqueceria seu legado, o Presidente poderia, por meio do ministério do Meio Ambiente, determinar a abertura de audiências públicas sobre o caso. Como novidade, bastaria determinar que, ao invés de ter como pauta a mera aprovação ou rejeição do projeto minero-exportador, elas se dedicassem ao exame comparativo das duas propostas.
É um exemplo, entre tantos outros possíveis. Em gestos singelos como este pode estar a chave para que o Vermelho e o Verde estabeleçam, no Brasil, uma sintonia estratégica que, além de mudar a face do país, teria imensa repercussão mundial
Antonio Martins é jornalista e votou em Dilma já no primeiro turno
1Em 2006, Lula teve 48,6%, contra 41,6% de Geraldo Alckmin. Em 2010, Dilma teve 46,9% contra 32,6% de José Serra. Note-se que a ampliação da diferença ocorreu apesar de Lula, com seu enorme carisma e poder de comunicação ter passado de candidato a apoiador.
2José Nery (PA), atual senador pelo PSOL, foi eleito em 2002 pelo PT, na condição de suplente de Ana Júlia, que assumiu em 2006 o governo do Estado. Heloísa Helena (AL), agora derrotada, também foi eleita (no mesmo ano) pelo PT.
3PT, PCdoB e PSB, somados, passaram de 113 para 137 deputados; enquanto a bancada do DEM mingou de 84 para 43 e a do PSDB, de 70 para 53.
4Além de Outras Palavras, dedicaram-se ao tema a revista Fórum e a agência E
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sexta-feira, 20 de agosto de 2010

Murray Bookchin: ecologia social e municipalismo libertário

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Ocupo-me hoje de alguém cuja obra, devo admitir, ainda não conheço em profundidade. Porém, o que fum descobrindo dela até o momento amosa uma notável sintonia com a linha deste blogue. E é que Murray Bookchin (Chicago, 1921-Burlington, 2006) foi uma das referências do socialismo libertário, alguém que defendeu ideias de democracia de base, descentralização, autogestão ou como se lhe queira chamar; e que as combinou com um ecologismo adiantado ao seu tempo. Desprezava dogmas e fugia de etiquetas: uniu-se às mocidades comunistas com 9 anos, para ser expulsado aos 18 por desviações trotskistas. Desilusionado também com o trotskismo, aginha virou cara o anarquismo, etiqueta que se colgaria durante décadas mas que chegou a rejeitar (em favor do comunalismo) nos seus últimos anos de vida.

Uma completa biografia escrita (em inglês) pola sua companheira Janet Biehl pode-se consultar em Anarchist Archives. Mas o texto que resulta verdadeiramente interessante, por crítico e profundo, é um reconto da sua vida e obra feito polo seu colaborador Chuck Morse, o qual está disponível (traduzido ao castelão) com o título Ser un bookchinita. Recomendo encarecidamente a leitura dessas páginas; o que conto a seguir está sacado maiormente delas e de alguma mais, como a sempiterna Wikipédia.

As contribuições de Bookchin começam na década dos '50, na que escreve alguns artigos de corte ecologista nos que expressa a sua preocupação polos efeitos adversos da contaminação e outras consequências do desenvolvimento. Nesta linha publica em 1962 Our Synthetic Environment, com um enfoque similar ao do Silent Spring de Rachel Carson, o qual apareceria pouco despois. Em Ecology and Revolutionary Thought, de 1964, apresenta a ideologia da ecologia social, proposta que combina a nível político ideias da ecologia e do anarquismo. Este trabalho considera-se o primeiro em avogar por uma acção política radical de base ecológica; e exerceu, junto a outros publicados ao longo da década dos '60, uma grande influência na Nova Esquerda americana. Muitas destas obras seriam recolhidas no livro Post-scarcity anarchism (Anarquismo post-escassez, 1971).

Dende finais dos '60 até começos dos '80 adicou-se em parte à docência, tanto no Instituto para a Ecologia Social que el mesmo fundou como noutras instituções. Na década dos '80 influiu no desenvolvimento do movimento verde a escala mundial, particularmente nos Verdes alemães e dentro deles na ala mais radical, os fundis. É nesta altura quando aparecem duas obras fundamentais: The ecology of freedom: the emergence and dissolution of hierarchy (1982), e The rise of urbanization and the decline of citizenship (1986), reeditada mais tarde como Urbanization without cities e From urbanization to cities. No primeiro apresenta a dominação da natureza como produto da dominação social, e considera a hierarquia e a dominação como formas mais poderosas de opressão que a classe e a explotação. No segundo apresenta o seu projecto político definitivo, o municipalismo libertário. Avoga por assembleias democráticas de base nos diferentes níveis do local, nos que seja possível a democracia direta. Um resumo destas ideias pode-se consultar online (em inglês) num artigo publicado em 1991. E uma mostra mais reduzida está disponível no nosso idioma em GalizaLivre.

Bookchin diferenciava entre a ecologia autêntica, radical, que el defendia, e o mero ambientalismo. Mas também criticava correntes como o primitivismo ou a ecologia profunda às que, mália o seu radicalismo, considerava contraproducentes por individualistas (e portanto contrárias à mobilização de massas propugnada polo libertarismo) e por proclives ao misticismo e irracionalismo. Sua é a expressão lifestyle anarchism ou "anarquismo de estilo de vida", que el contrapunha, de forma depreciativa, ao anarquismo social. O livro no que apresentou essa diferença em 1995 gerou um extenso debate na comunidade anarquista, dentro da que criou divisão e enfrontamentos talvez mais alá do desejável. Nessa década, a dos '90, o seu rechaço ao individualismo que el via presente em muitos âmbitos do anarquismo levou-no a rejeitar esta última doutrina, com a que se identificara durante décadas, e a defender no seu lugar o comunalismo. Uma mudança de nome que não implicava nenguma renúncia ideológica senão, pola contra, uma aposta mais decidida pola dimensão social e transformadora do movimento.



domingo, 10 de janeiro de 2010

Entrevista com Carlos Taibo


"Hoje no Norte desenvolvido, um projecto anticapitalista tem que ser decrescimentalista, autogestionário e antipatriarcal"

O politólogo Carlos Taibo tem-nos bem acostumados com as suas lúcidas críticas ao capitalismo. No número de dezembro de Tempos Novos inclui-se uma entrevista moi ilustrativa, centrada na questão do decrescimento. A seguir reproduz-se (com grafia reintegrada) esta interessante conversa com Comba Campoy:

As políticas dos governos do mundo vão na direção oposta ao paradigma do decrescimento. Cara a onde leva isto?

Cara à ratificação do escenário social de injustiça e desigualdade e a agudização dos problemas ambientais. A idéia de que em dous anos abandonaremos a crise e retomaremos a situação anterior é falsa. Pode que os indicadores de crescimento recuperem os níveis de hai cinco anos, mas a mudança climática está ativa, a carestia das matérias primas energéticas é cada vez mais notável. Cada mês que passa os recursos que são precisos para fazer fronte à mudança climática são maiores. Seguimos castigando o meio e a possibilidade de inverter a situação é cada vez menor. É urgente artelhar procedimentos de resposta. Hoje no Norte desenvolvido, um projecto anticapitalista tem que ser decrescimentalista, autogestionário e antipatriarcal. E digo-o em clara confrontação com os críticos do decrescimento da esquerda. Ao não serem decrescimentalistas estão a aceitar boa parte da mitologia do sistema capitalista que supostamente rejeitam.

Falas dos críticos da esquerda institucional?

Não, a esquerda institucional considera o decrescimento um projecto extravagante. As críticas às que me refiro venhem dum marxismo dogmático, que considera que o do decrescimento é um conceito da pequena burguesia, das classes médias, que adia a resposta revolucionária ao sistema. Mas a resposta revolucionária ao sistema tem que ser decrescimentalista.

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Fronte a dados alarmantes como o da iminência do teito do petróleo, insiste-se em que se pode manter o atual ritmo de consumo...

A postura dos partidos centra-se na perspectiva eleitoral. O dos sindicatos é dramático. O retrato robot da situação foi o acordo que assinaram CCOO e UGT na SEAT de Barcelona antes do verão: congelação salarial a câmbio da concessão de produção dum novo modelo de carro.

Um pensamento curtopracista...

Hai trinta anos os pacifistas loitavam polo feche das indústrias militares. Já daquela chocavam com os sindicatos que defendiam que havia que preservar esses postos de trabalho. Essa disputa hoje em dia tem que ampliar-se. Temos que pensar se podemos seguir produzindo automóveis.

Colectivos como Crisi falam da impossibilidade de continuar vivendo no capitalismo. Não confiam em que os poderes assumam esta realidade, polo que devem ser as bases as que guiem este processo...

É que não hai nengum elemento que aconselhe concluir que os governos estão dispostos a mover as cousas. Não por isso hai que deixar de fazer pressão para conseguir mudanças. Semelha que algum dos governos de esquerda de América Latina, como o de Evo Morales, que bebe do imaginário dos índios, duma relação conceitual distinta com a natureza, pode assumir parte deste discurso. Não nos nossos governos democratizados. Como é possível que o BNG organize em Lubiám uma concentração a prol do AVE a Madrid? Um procedimento de transporte anti-social, anti-ecológico e desertizador. E que na base do BNG não exista uma contestação fortíssima disto... é a servidume voluntária.

Anuncia-se que vão reduzir as vantagens fiscais aos futbolistas por salários multimilhonários, e hai protestas. Quanto mais inviável pedir uma renda básica, pola qual os salários mais altos seriam altamente fiscalizados em benefício da maioria da povoação...

Seria interessante que houvesse uma folga de clubes, para avaliar que acontece na nossa sociedade. Seguro que boa parte da povoação estaria com os clubes na defensa dessas estrelas do futebol. A manifestação mais multitudinária da Galiza contemporânea foi quando o Celta foi objecto dum descenso administrativo. Não fôrom as de Nunca Mais nem as da Mesa.

Perante este panorama desalentador, a proposta do decrescimento pretende um câmbio radical de mentalidade, a revisão de conceitos como o de felicidade.

A felicidade significa cousas moi diferentes para cada quem. Em qualquer caso, creo que a maioria dos habitantes das sociedades opulentas não somos felizes. Somos conscientes de que o trabalho nos mata. Temos que discutir criticamente se esse trabalho é o nosso projecto vital. Em qualquer caso, o hiperconsumo não tem nada a ver com a felicidade. Tenho claro que é um indicador de infelicidade.

Até que ponto o trabalho pode contribuir ou pexar a nossa felicidade?

Nisto não som conseqüente, eu estou todo o dia a trabalhar. É certo que não tenho um trabalho alienante, mas em qualquer caso, hai que criticar o trabalho, e não só o trabalho assalariado. Compre ler o direito à preguiça [nota: ver também a 2ª parte] de Lafargue, um contraponto moi interessante à crítica do trabalho assalariado de Marx. Uma anedota que me gusta contar é a do mexicano que está à beira do mar, numa aldeia, e achega-se-lhe um turista norteamericano, que lhe pregunta a que se adica. O mexicano resposta: “Som pescador”. “Vaia, é um trabalho duro, trabalhará moitas horas”. “Duas ou três horas”. “Não me parecem tantas, que fai o resto do dia?”. O mexicano conta-lhe que esperta tarde, pesca um pouco, joga com os filhos, dorme a sesta com a mulher e pola tarde sai tomar uma cerveja. O turista reage airado: “Pero como não trabalha mais horas?” “E para que?”, pregunta o mexicano. “Se trabalhara mais horas poderia comprar um barco mais grande. Despois duns anos, montaria uma fábrica na vila. Mais tarde abriria uma oficina no distrito federal, e montaria delegações em Europa e nos USA. Seria vostede imensamente rico. Aos setenta anos poderia retirar-se, vir aqui, acordar tarde, pescar um par de horas, jogar um tempo com os netos, durmir a sesta com a sua mulher...”
Esta anedota, que retrata a dimensão do modo de vida escravo no que estamos inseridos, em persoas que trabalhárom toda a sua vida freneticamente, suscita a idéia de que estou a defender o “viva a vida”. O que defendemos é um modelo distinto de vida social, de reparto do trabalho. Hai que trabalhar, necessariamente, mas temos que liberar-nos dos moitos elementos alienantes do trabalho. E isto de novo contradi o discurso comum na esquerda institucional, que considera o trabalho sagrado, que hai que dominar a natureza... a anedota do mexicano tem uma fuga, e é que não explica quantas horas trabalhava a sua mulher.

Isto tem que ver moito com a filosofia do que se chama o “bom viver”, dos indígenas americanos.

Moitas comunidades tradicionais, nos países pobres ou a própria Galiza, matenhem determinado tipo de esquemas mentais que estão na lógica do decrescimento e creo que, em geral, as mulheres conservam determinados elementos mentais moito mais vencelhados ao decrescimento que os varões, moito mais inseridos na lógica da economia convencional, da produção...

Respeito do lezer, deveu um bem de consumo mais. Quase nem concebemos o tempo livre sem consumir...

Por isso falo de ócio criativo. Contraponho-o ao ócio alienante que se nos oferece, ontologicamente vinculado com o consumo. Temos que trabalhar moitas horas para manter os nossos níveis de ócio consumista. Isto tem conseqüências dramáticas. É o caso dos cativos que deixam a escola às catro da tarde, e na casa não hai ninguém. O pai e a nai trabalham para conseguir salários altos que permitam comprar-lhes joguetes custosíssimos, quando seria mais razoável que trabalhassem menos horas e passassem a tarde a jogar com eles. A discussão sobre Bologna parte da presunção razoável de que a irrupção da empresa privada vai rematar com os estudos de Humanidades. Para que querem as empresas privadas filólogos, antropólogos ou filósofos? Bem, pois a filosofia do decrescimento reclama, para o ócio criativo, milheiros de licenciados em filosofia, história, filologia...

Que implica a noção de pegada ecológica?

Mide a superfície do planeta, terrestre como marítima, que precisamos para manter as atividades econômicas atuais. Todos os estudos concluem que deixamos moi atrás, no norte desenvolvido, as capacidades ambientais do planeta. Entregamos-lhes às gerações vindeiras um planeta dificilmente habitável. Em determinada esquerda galega hai um discurso, de origem anticolonialista, que parece concluir que como Galiza é uma das partes mais pobres do Estado Espanhol, a pegada ecológica galega é reduzida. A nossa pegada ecológica é mais grave que a doutras partes do Estado Espanhol, em boa medida de resultas do projecto colonial de produzir para outros, mas não só por isso. Por tanto, na Galiza hai que assumir estrategias de decrescimento radicais.

E em que consistiria a redistribuição de recursos?

Esse é um projecto moi vinculado ao discurso anticapitalista tradicional. O que temos é que questionar em modo central o regime de propriedade, uma discussão proibida, entre outras cousas porque a experiência histórica do sistema soviético em relação com isto foi nefasta. Confundiram a propriedade pública com a propriedade pública socializada. Os dous últimos anos fôrom de grande intervencionismo estatal na economia, em proveito dos interesses privados. Assim que não reclamemos sem mais a intervenção dos poderes públicos; teremos que pôr-lhe condições. Por isso confio mais nos movimentos de base e na sua operação autogestionária que na intervenção dos poderes públicos, as mais das vezes vencelhada com interesses privados.

Que papel lhe atribuirias ao Estado num horizonte de decrescimento?

Estamos num estadio tão inicial que é difícil responder. É imaginável o decrescimento num só país, num só concelho? Estamos tão longe disto que quando consigamos que um concelho aprove um programa de decrescimento, já veremos como o fazemos. Neste caso, o meu antecedente libertário fai que sinta pouca simpatia pola instituição do Estado, mas se os poderes públicos assumissem estrategias de decrescimento, bem-vidas.

Também poderíamos confiar na autogestão dos serviços públicos. Assim seriamos donas da nossa saúde, da nossa educação...

O termo autogestão é importante, e não se deve confundir com o de nacionalização. Não abonda com nacionalizar os serviços públicos que foram privatizados. Tem que haver um prejecto autogestionário de control desde a base. Porque ao final não hai moitas diferenças entre o projecto estritamente privado e um projecto público ao serviço de determinados interesses privados. Algo que a esquerda tradicional não acaba de comprender.

O discurso da sustentabilidade está moi em boca de políticos...

Em todos. O problema de termos como “desenvolvimento sustentável”, ou “crescimento sustentável”, é que hoje em dia todo o mundo os defende. O PP defende o desenvolvimento sustentável. Serge Latouche, o principal teórico do decrescimento, di que o “crescimento sustentável” é um oxímoro, nengum crescimento pode ser sustentável. Rodríguez Zapatero não sabe o que é a sustentabilidade, pensa que é um crescimento que se mantém no tempo. E é o contrário: um conjunto de fórmulas econômicas que permitem restaurar os recursos que se gastam.

Fronte a esta corrente de opinião dominante, a hipótese de que a proposta do decrescimento assente nas nossas mentes passa por buscar novas vias de reeducação...

Este é o nosso problema principal. Eu creo que não hai moitos problemas técnicos ou tecnológicos para introduzir programas de decrescimento. Estou convencido de que é moito mais difícil para o capitalismo manter o paradigma do crescimento, que para nós decrescer. Não queremos demostrar que somos capazes de manter o três por cento de crescimento do PIB. Mas, como mudamos a cabeça da gente, a nossa própria cabeça? Temos que apostar polos movimentos sociais e as redes, a sua capacidade de espalhar uma visão diferente. E temos que confiar também em que determinados cidadãos, não particularmente conscientes, comecem a introduzir fórmulas na sua vida cotiá, vencelhadas com o decrescimento. Persoas normais que começam a fazer-se as preguntas que compre fazer em relação com um escenário de crise. A finais de mês o tráfico para Madrid desde os bairros das aforas baixa visivelmente. A gente não tem cartos e colhe o trem. Provavelmente, uma parte deles estão a descubrir que o trem tem moitíssimas mais vantagens que o carro privado. Podem introduzir na sua vida determinados elementos que podem conduzi-los a visões moito mais radicais e críticas.

Como qualificarias o estado atual do movimento cívico galego?

Hai uma crise visível dos partidos e dos sindicatos tradicionais, que não está a produzir suficientes elementos de contestação crítica interna. Isso supom uma oportunidade para determinados movimentos que estão, se não em contra das instituições da esquerda tradicional, si à sua margem. Hai um processo geral de constituição de redes, se cadra excessivamente atomizado. Na Galiza a isto suma-se o problema nacional, que duma parte vivifica iniciativas, e doutra distrai-as. Em qualquer caso, necessitamos manter o discurso claramente anticapitalista, e isto obriga a questionar o discurso fundamental das forças de esquerda tradicional, que reclamam, exclusivamente, a restauração do estado do bem-estar. É o discurso do BNG, como o de IU em Madrid. Um projecto de esquerdas tem que pedir algo mais. Tem que discutir o regime de propriedade, e em segundo lugar, tem que pensar nas gerações vindeiras. Os grupos e as persoas mais próximas ao decrescimento vinculam-se ao ecologismo político radical, que vem defendendo isto com outros nomes hai moito tempo, e o mundo libertário. Entre outras razões, porque não estão preocupados polas eleições. No mundo da antiglobalização e no do decrescimento hai raízes libertárias moi claras; e uma delas é a que diferéncia a cosmovisão libertária das cosmovisões leninista e socialdemocrata. Estas aspiram a que chegue um momento mágico que indique que tomamos o poder, seja através duma revolução ou dumas eleições. E nada di sobre o que devemos fazer antes de chegar a esse momento, só pelejar para conseguir maiorias sociais. A visão libertária é moito mais inteligente. Fala de começar a construir agora esse mundo diferente que queremos, de mudar as nossas vidas. E não agardar o momento que chegará ou não chegará. A CNT em 1936 perfilou um conjunto de redes (granjas, obradoiros, ateneus) que pretendiam criar, num entorno hostil, a sociedade diferente que se queria construir. Como exercício de pedagogia persoal, é moito mais interessante que todas as maquinárias burocráticas dos partidos e dos sindicatos, que o único que fam é mover o carro do poder.